BRASIL. SUPERAVIT COMERCIAL Y DEFICITS EXTERNO

la Cuenta de la Desnacionalización

Exportamos más, retenemos menos — y pagamos caro la ausencia de un proyecto nacional

Paulo Cannabrava Filho

Brasil cerró el último período, 2025, con un superávit comercial récord de 68 mil millones de dólares, un resultado que, a primera vista, podría presentarse como señal de fortaleza económica. Sin embargo, ese desempeño está fuertemente concentrado en la exportación de commodities, como soja, mineral de hierro y otros productos primarios, de los cuales el país se ha convertido en uno de los mayores proveedores globales. La cifra impresiona, pero engaña.

Cuando se observa el conjunto de las cuentas externas, el panorama se invierte de manera dramática. La balanza de pagos registró un déficit de 67,5 mil millones de dólares, equivalente al 3,47% del PIB, uno de los peores resultados desde 2015. Es decir, prácticamente todo el superávit obtenido en el comercio exterior fue absorbido por salidas de recursos que revelan fragilidades estructurales profundas de la economía brasileña.

Una parte significativa de ese desequilibrio se encuentra en la cuenta de servicios, que por sí sola absorbió 49,2 mil millones de dólares. Se trata, en gran medida, de gastos en fletes y seguros, controlados por empresas extranjeras. El país exporta volúmenes gigantescos, pero paga caro para transportar y asegurar sus propias mercancías, lo que evidencia la dependencia logística y la pérdida de control sobre etapas estratégicas del comercio exterior.

Aún más grave es la cuenta de rentas, donde aparecen las remesas de utilidades y dividendos  de las empresas extranjeras instaladas en Brasil. Solo en este rubro, el país envió al exterior 73,4 mil millones de dólares. Es el costo directo de la desnacionalización de la economía: las empresas producen en el país, explotan el mercado interno, pero transfieren sistemáticamente la riqueza generada a sus casas matrices.

Este conjunto de datos expone un paradoja cruel. Brasil exporta más, pero retiene menos. Genera superávit comercial, pero acumula déficit externo. Produce riqueza, pero no la internaliza. Sin un proyecto nacional de desarrollo, capaz de promover la reindustrialización, reducir la dependencia de servicios externos y recuperar el control sobre sectores estratégicos, el país seguirá atrapado en un modelo primario-exportador que profundiza la vulnerabilidad externa y compromete el futuro.

Ante este escenario, se vuelve impostergable la construcción de un proyecto nacional de desarrollo que enfrente, de manera consciente, la dependencia externa y la drenaje permanente de riquezas. Reindustrializar el país, recuperar cadenas productivas estratégicas, fortalecer empresas nacionales, reducir la vulnerabilidad logística y subordinar el capital financiero a los intereses del desarrollo son tareas centrales. Sin ello, Brasil seguirá condenado a exportar volúmenes crecientes de productos primarios para sostener ganancias ajenas, mientras importa déficits, fragilidad externa y pérdida de soberanía. Las cuentas externas muestran, con cifras incontestables, que no hay futuro posible sin un proyecto nacional que reconstruya la economía a partir del interés del país y de su pueblo.

Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global