LA TEMERARIA ESCALADA DE DONALD TRUMP PONE EN PELIGRO LA PAZ MUNDIAL

Desde la venta multimillonaria de armas a Taiwán hasta el robo del petróleo venezolano, Estados Unidos eleva la tensión internacional a su nivel más peligroso en décadas

Paulo Cannabrava Filho*

Donald Trump dio un paso extremadamente peligroso al aprobar la venta de 11,1 mil millones de dólares en armamento para modernizar las fuerzas armadas de Taiwán. Para China, que considera la isla una provincia rebelde y parte inalienable de su territorio, este gesto constituye una provocación indescriptible, un desafío directo a su soberanía y un movimiento que reaviva, con fuerza, las brasas de un posible conflicto de grandes proporciones.

Al interferir de forma tan agresiva en la cuestión de Taiwán, Washington apuesta por una escalada que desestabiliza toda la región de Asia-Pacífico, debilitando canales diplomáticos ya tensionados y creando condiciones para incidentes militares cuyo desenlace nadie puede controlar. Es la vieja lógica imperial de fabricar enemigos para justificar su presencia armada en el mundo.

Pero la ofensiva no se limita al Pacífico. Estados Unidos también está robando petróleo venezolano transportado en buques petroleros: una operación de piratería moderna, llevada a cabo con la arrogancia de quien se cree por encima del derecho internacional. Al secuestrar un recurso fundamental para la economía de Venezuela, Washington intenta asfixiar al país, imponer sumisión mediante el estrangulamiento energético e impedir cualquier proyecto de desarrollo autónomo. Se trata de un boicot estratégico, calculado para golpear donde más duele.

Ante este cuadro, Rusia y China han expresado su solidaridad con el pueblo venezolano, denunciando la escalada de hostilidades y advirtiendo sobre los riesgos de un desequilibrio aún mayor en el sistema internacional. La combinación entre la provocación militar en Taiwán y el estrangulamiento energético de Venezuela coloca al mundo en un estado de alerta que recuerda a los momentos más críticos de la Guerra Fría, con la diferencia de que hoy la interdependencia global convierte cualquier chispa en potencialmente devastadora.

Urge, por lo tanto, reforzar las alianzas y la solidaridad entre los pueblos del Sur Global. Solo un frente unido, comprometido con la cooperación y la soberanía, podrá contener esta política de agresiones y abrir camino a un nuevo orden internacional basado en el respeto mutuo y en la autodeterminación de los pueblos.

*Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global