AMERICA LATINA. DEMOCRACIAS CERCADAS

El aislamiento de Brasil, Uruguay, Colombia y México frente a la ola conservadora latinoamericana

Paulo Cannabrava Filho*

La elección de un confeso pinochetista en Chile, heredero directo de una tradición autoritaria e intolerante, expone con nitidez el nuevo mapa político de América Latina. El continente vive un giro a la derecha que no es solamente electoral: es moralista, regresivo y abiertamente hostil a las agendas democráticas y sociales que marcaron los últimos ciclos de avance popular. En este escenario, Brasil (Lula), Uruguay (Carolina Cosse), Colombia (Gustavo Petro) y México (Claudia Sheinbaum) aparecen como excepciones: islas de respiro democrático en un mar cada vez más dominado por gobiernos conservadores, ultraderechistas o alineados con proyectos abiertamente fascistizantes.

Estos cuatro países sostienen, cada uno a su manera, políticas orientadas a la inclusión, la participación popular, la soberanía y las reformas estructurales. Representan, además, la defensa de derechos civiles básicos —como igualdad de género, protección ambiental, libertad de expresión y diversidad religiosa y cultural— que hoy son atacados sin pudor por la nueva derecha latinoamericana. Una derecha que se apoya en una moral evangélica rígida, excluyente, y que se organiza políticamente para sofocar cualquier divergencia.

El contraste es evidente. Argentina, bajo Javier Milei, abraza el ultraliberalismo radical y la demolición del Estado. Chile retorna al espectro autoritario con José Antonio Kast. El Salvador, de Nayib Bukele, se ha convertido en laboratorio de un autoritarismo que se disfraza de modernidad digital. ParaguayEcuadorBoliviaPanamáPerú y Honduras orbitan en torno a variaciones del conservadurismo que rechazan los avances sociales y sostienen élites profundamente reacias al cambio.

Como si esto fuera poco, el continente enfrenta la amenaza externa de siempre —ahora renovada—: Donald Trump, de vuelta al mando de Estados Unidos, retoma con agresividad el viejo espíritu de la Doctrina Monroe y lo convierte en un corolario aún más peligroso. Un hemisferio bajo tutela, donde Washington se arroga el derecho de definir destinos, castigar insubordinaciones y moldear gobiernos a su imagen y semejanza. Su influencia estimula, financia y articula a la nueva derecha regional, reforzando la sensación de aislamiento de las democracias progresistas.

Brasil, Uruguay, Colombia y México, por lo tanto, no enfrentan solo desafíos internos. Están presionados por vecinos que retroceden y por un imperio que vuelve a exhibir abiertamente sus instrumentos de coerción. El riesgo no es únicamente político: es civilizatorio.

Ante este panorama, les corresponde a estos cuatro países —aislados, pero aún firmes— articular alianzas, profundizar la integración soberana y construir puentes con el Sur Global. Solo así será posible resistir la ola reaccionaria y mantener viva la esperanza de una América Latina democrática, diversa y socialmente avanzada.

*Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global