DONALD TRUMP Y LA POLITICA DEL GARROTE

 DONALD TRUMP: REENCARNA A THEODORE ROOSEVELT


          Theodoro Roosevelt fue premio Nobel de la guerra en 1906, igual que
                 la desprestigiada María Corina Machado en el 2025.

                            Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                   Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá (*).

Es necesario aclarar que, para los latinoamericanos, la frase «el
patio trasero'» significa imperialismo estadounidense y evoca
intervenciones militares, bloqueos y sanciones económicas, intentos de
cambio de regímenes no subordinados a EE.UU., operaciones de falsa
bandera, complicidad con sangrientas dictaduras, expolio de riquezas
naturales, chantajes y control político, económico y diplomático.

En términos formales, se refiere al auto arrogado derecho de ese país.
de decidir y controlar los destinos de sus vecinos, desde el sur del
río Bravo hasta la Patagonia, cuyo origen se remonta a 1823, cuando el
entonces presidente James Monroe declaró: «América para los americanos
(estadounidenses)», frase que luego habría de ilustrar la llamada
Doctrina Monroe.

En los albores del siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt habría
de aportar la explicitud que le faltó a su antecesor: EE.UU. podría
«ejercer el poder policial internacional en casos flagrantes de tales
irregularidades o impotencia». Esa política exterior, bautizada
informalmente como el ‘gran garrote’, es el conocido corolario
Roosevelt a la Doctrina Monroe.

Cabe destacar que también ha jugado un papel la falsa autopercepción
de ese país como el resultado de una excepción divina que les otorga
superioridad simbólica y material frente a los demás países, cuyo
origen puede ubicarse en la época colonial y que es el resultado de
una amalgama de creencias económicas, militares, raciales y religiosas
que aún persisten.

Durante el resto del siglo pasado, la Casa Blanca aplicó versiones
modificadas del ‘gran garrote’ y de la Doctrina Monroe bajo distintos
argumentos. En tiempos de la Guerra Fría, el discurso se centró en el
anticomunismo, pero tras el desplome del bloque socialista en Europa
del Este y de la Unión Soviética, se apeló a otros recursos como la
lucha por la libertad y la democracia o el combate al narcotráfico.

Sin embargo, estas ideas imperialistas no solo son el resultado de la
consolidación de la nación estadounidense como potencia regional, lo
que ocurrió durante prácticamente todo el siglo XIX a través de
sucesivos procesos de expansión territorial mediante la guerra, que
luego dieron paso a otros métodos coercitivos con el objetivo terminal
de imponer su dominio político, cultural y económico sobre terceras
naciones.

Las medidas implementadas por el segundo gobierno de Donald Trump han
atacado especialmente a América Latina, con la amenaza de deportar a
millones y millones de inmigrantes y la decisión de imponer aranceles.
Las órdenes ejecutivas que el mandatario estadounidense firmó en los
primeros días de gobierno indican que planifica tratar a sus aliados
como si fuesen enemigos.

Con base en ese absurdo criterio dijo que quiere cambiar el nombre del
Golfo de México a «Golfo de América». Además, reafirmó que podría usar
la fuerza militar para asegurar territorios clave como Groenlandia y
el Canal de Panamá e insinuó que Canadá debería ser un estado de su
país.

El pasado 7 de enero, Trump afirmó en una rueda de prensa que si fuese
necesario «usaría la fuerza» para recuperar el canal de Panamá. Este
paso entre los océanos Atlántico y Pacífico fue construido y
controlado por Estados Unidos, pero está bajo soberanía panameña a
partir del Tratado Carter-Torrijos (1977). Trump alegó, falsamente,
que está controlado por China y que Estados Unidos paga tarifas
excesivas por el paso de sus barcos.

De Roosevelt en adelante y hasta el fin de la II Guerra Mundial,
EE.UU. aplicó sin rubores la política del ‘gran garrote’ en América
Latina. Cuenta de ello dan las intervenciones militares en Cuba,
Puerto Rico, Nicaragua, Haití y República Dominicana, ocurridas todas
durante el primer tercio del siglo anterior.

Los pretextos variaron según la situación, pero destacan dos, que se
han mantenido casi sin variaciones desde aquella época: la «protección
de vidas estadounidenses» y el control de situaciones calificadas como
amenazas a su seguridad nacional. Una lista no exhaustiva incluye el
control del canal de Panamá, asegurar el cobro de deudas, proteger los
intereses de compañías estadounidenses, en el que se destaca el caso
de la United Fruit Company, afianzarse el acceso privilegiado a
recursos naturales estratégicos y conseguir alineamiento político y
diplomático, aunque ello significaba imponer un Gobierno tutelado o
estrechamente vigilado por la Casa Blanca.

A nadie debe sorprender que el secretario de Guerra de EE.UU., Peter
Hegseth, declarara en una entrevista: «El mensaje que se está
transmitiendo es que el presidente de EE.UU. se toma muy en serio la
protección de nuestra patria y del pueblo estadounidense, que durante
demasiado tiempo ignoró nuestro propio ‘patio trasero'», con
referencia a las operaciones militares que mantiene Washington en el
Caribe y el Pacífico con el alegato declarado –falsa bandera- de
combatir a los cárteles de la droga.

La narrativa ha sido ampliamente cuestionada porque no hay evidencia
que la respalde. Además, la Casa Blanca ha tachado, sin pruebas, a los
presidentes de Venezuela y Colombia, Nicolás Maduro y Gustavo Petro,
de dirigir cárteles del narcotráfico. Así, en el actual contexto,
Caracas y Bogotá figuran como blancos de la política exterior
estadounidense.

Aseguramos que, pese al evidente poderío estadounidense sobre América
Latina, la idea del «patio trasero» ha sido históricamente contestada.
Desde el siglo XIX, con personajes como Simón Bolívar y José Martí,
pasando por el siglo XX, de la mano de figuras como Augusto César
Sandino, Fidel Castro, Omar Torrijos o Juan Domingo Perón, Washington
ha encontrado resistencias nacionales a sus pretensiones de dominar
los destinos de los países latinoamericanos.

Es definitivo que a lo largo y ancho de la Patria Grande existen otros
luchadores progresistas, que le dan valor y contenido al singular
paradigma legado por esos personajes históricos, lo que se traduce en
golpes certeros a las sandeces verbales y acciones terroristas contra
todo y contra todos, de Donald Trump, pésima reencarnación de Tehodoro
Roosevelt.

Enlaces: https://www.nuso.org/articulo/trump-contra-america-latina/https://

https://actualidad.rt.com/a-fondo/574038-eeuu-america-latina-patio-trasero

Un fraternal saludo para todos nuestros lectores y contactos
inteligentes, con nuestra consigna de lucha progresista: ¡ADELANTE,
SIEMPRE ADELANTE!

Himno patriótico: Colonia americana ¡No! Luis (Lucho) Bejarano Autor
de la letra y de la música, colega, amigo y compañero de mil
batallas-Franklin.

(*) Columnista de opinión, agroambiental y turístico, promotor del
desarrollo sostenible, defensor de la madre tierra, del ambiente y de
todas las especies, en peligro real de extinción irreversible por
diversos factores negativos, entre otros, la falta de acción colectiva
en el plano nacional y mundial.

Cabe advertir que esto ocurre porque la sociedad entera vive al margen
de la realidad, ya que es víctima robotizada de la adictiva
inteligencia artificial, sin relaciones interpersonales y da prioridad
a las redes sociales, al ChatGPT, al WhatsApp, al wifi y al internet