Moral corroída, utilidad en entredicho
Paulo Cannabrava Filho*
La Organización de las Naciones Unidas cumple 80 años en 2025 bajo duras críticas a su inoperancia, parcialidad y pérdida de legitimidad. Creada al final de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de mantener la paz, mediar conflictos y promover la cooperación entre los pueblos, la ONU es hoy una institución paralizada por los vetos del Consejo de Seguridad y por la hegemonía de potencias que tratan al organismo como instrumento de sus intereses.
La crisis es tan profunda que ni siquiera las resoluciones sobre el alto el fuego en Gaza tienen efecto. Estados Unidos veta sistemáticamente cualquier intento de contener los crímenes del gobierno sionista de Israel contra el pueblo palestino. La ONU, que debería velar por los derechos humanos, asiste impotente a la masacre en curso, mientras la diplomacia internacional se reduce a notas de protesta y promesas vacías.
El descrédito no se limita al ámbito militar. La ONU también ha fracasado en proponer salidas para la crisis alimentaria, el endeudamiento insostenible de los países pobres, la destrucción ambiental a escala planetaria y, más recientemente, en frenar la ofensiva proteccionista de los países ricos contra los esfuerzos del Sur Global por un desarrollo soberano. La guerra no es sólo de bombas: también es comercial, tecnológica y cambiaria.
La propuesta de los BRICS+ y de otras instancias multilaterales como el G77, el Grupo de Amigos de la Carta de la ONU y la propia Unión Africana apunta a una nueva arquitectura internacional, basada en la multipolaridad, el respeto a la soberanía y reformas estructurales en las instituciones globales. Pero esa transición es lenta y enfrenta una fuerte resistencia de las potencias imperiales que aún dominan los mecanismos de poder.
La ONU cumple 80 años con su moral y utilidad corroídas. Pero el principio que la originó — el de una gobernanza global solidaria y pacificadora — sigue siendo vigente y necesario. Es urgente rescatar ese ideal, romper con la hipocresía de los vetos, democratizar las decisiones y devolver a las Naciones Unidas la legitimidad que ha perdido. De lo contrario, será solo otro teatro vacío para discursos de conveniencia.
*Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global, autor del libro Em el Ojo de la Tormenta, América Latina en los años 1960-1970, editorial Plaza y Valdez





