PERSONALIDADES JUDIAS DENUNCIARON AL SIONISMO

  ASÍ REACCIONARON AL COMPROBAR EL CARÁCTER XENÓFOBO Y
     EXTREMADAMENTE VIOLENTO DE ESA CORRIENTE DEL JUDAÍSMO

                               Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                        Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá.

 Albert Einstein (1879–1955), alemán de origen judío, Premio Nobel de
Física 1921, se entusiasmó en los años 20 y 30 del siglo pasado con el
proyecto judío de crear un hogar en Palestina tras ver el avance
imparable del antisemitismo en su país y en Europa, pero creía ver en
el sionismo algo muy distinto a lo que realmente fue.

En 1931 manifestó en “Mi visión del mundo”, una recopilación de
artículos: “Nuestro objetivo no es la creación de una comunidad
política, sino que, conforme a la tradición del judaísmo, es una meta
cultural en el sentido más amplio de la palabra. Para lograrlo debemos
resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la
convivencia con el pueblo hermano de los árabes (…) Especial atención
merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Alimentándose
podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que
podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos”.

Recuérdese que en 1932 el científico se fue a vivir a Estados Unidos,
un año antes de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania. En otra
de sus intervenciones sobre el sionismo, en 1938, Einstein dejó clara
su posición en contra de la formación de un Estado judío con fronteras
y ejército: “Dejando a un lado las consideraciones prácticas, mi
concepción de la naturaleza esencial del judaísmo se opone a la idea
de un estado judío con fronteras, ejército y un grado de poder
temporal, por modesto que fuera. Estoy espantado al pensar en el daño
interno que sufrirá el judaísmo, sobre todo por el desarrollo de un
nacionalismo estrecho en el interior de nuestras propias filas, contra
el cual hemos estado siempre obligados a luchar enérgicamente, aun sin
un estado judío”.

Einstein fue aún mucho más crítico con el sionismo al comprobar el
auge que iban teniendo las organizaciones terroristas judías, que
tanto atacaban a la población autóctona árabe como a las fuerzas del
Mandato Británico que controlaban todavía en la década de los 40 el
territorio de la Palestina histórica, e incluso a sectores de la
comunidad judía que no compartía sus ideas.

Téngase presente que el 22 de Julio de 1946 comandos paramilitares
sionistas del Irgún Tzvaí Leumí, del Lehi y de la Haganá, atacaron el
Hotel King David, en Jerusalén, sede entonces de la Comandancia
Militar del Mandato Británico de Palestina y de la División de
Investigación Criminal, matando a 91 británicos.

La acción terrorista se produjo porque el Gobierno británico del
conservador Venille Chamberlain había aprobado un Libro Blanco
preparando el proceso de independencia de Palestina, en el cual se
proponía que como paso previo a ella se incorporaran al propio
gobierno del Mandato Británico representantes judíos y palestinos. Se
planteaba esa fórmula como una experiencia para que en el nuevo Estado
que se creara pudieran convivir ambos pueblos.

Con el fin de facilitar ese plan el Libro Blanco plantea también que
se fijará un límite a la inmigración judía en Palestina para que esta
no supusiera más que un tercio de la población local total, a menos
que los propios habitantes árabes lo consintieron expresamente. Pero
el sionismo no podía consentir un cambio tan brusco de la postura
británica y del espíritu colonialista de la Declaración Balfour de
1917.

En abril de 1948, unidades del Irgún Tzvaí Leumí y de Lehi cometieron
otra matanza, esta vez en la aldea palestina de Deir Yassin asesinando
a 120 personas, por lo que Einstein quedó conmocionado al conocer la
matanza, y el 9 de abril escribió una carta a Shepard Rifkin, director
de la organización estadounidense Amigos americanos de los
combatientes por la libertad de Israel, quien le había pedido que se
manifestara públicamente a favor del sionismo y de la creación del
Estado de Israel.

Así le respondió Einstein: “Estimado señor: Cuando nos sobrevenga una
catástrofe real y definitiva en Palestina, los primeros responsables
de ella serán los británicos y los segundos responsables serán las
organizaciones terroristas creadas dentro de nuestras propias filas.
No quisiera ver a nadie asociado con esa gente descarriada y
criminal”.

Un mes más tarde, el 14 de mayo de 1948, las fuerzas judías, con
consentimiento de Naciones Unidas, declararon en Tel Aviv la creación
de un nuevo estado al que llamaron Israel, apoderándose no del 56 %
del territorio de Palestina tal como estaba previsto inicialmente sino
del 77 por ciento. David Ben-Gurion, de origen polaco y presidente de
la Agencia Judía, fue nombrado primer ministro y se convirtió en el
artífice de la expulsión de Palestina por la fuerza de 750.000
palestinos, éxodo conocido como la Nakba (desastre en árabe).

Una de las primeras medidas de Ben-Gurion fue la creación de las
Fuerzas de Defensa de Israel (FDI, o Tzáhal, su acrónimo en hebreo).
El núcleo central con el que se puso en marcha la FDI —una de las
instituciones más respetadas por la población israelí y ejecutora del
actual genocidio en Gaza—fue la propia estructura y militancia de la
Haganá y otras organizaciones terroristas sionistas.

Por su parte Hannah Arendt, también cambió su opinión sobre el
sionismo. Cabe recordar que inicialmente fue una entusiasta activista
del movimiento sionista, primero en su país natal, en Alemania, en los
años 20 e inicios de los 30, y a partir de 1937 en Estados Unidos,
país en el que se refugió huyendo del nazismo.

Cabe destacar que ella era una fervorosa partidaria de que se creara
un lugar en Palestina para los judíos, pero no a costa del desalojo de
los palestinos, y criticaba también que el movimiento sionista se
olvidara del resto de judíos de la diáspora, de judíos como ella o
Einstein que vivían en otros países y no querían vivir en Palestina.

En registros históricos consta que Arent creó en EE UU el Grupo Joven
Judío en 1942, en un intento por ampliar el debate interno dentro del
movimiento sionista. Ella criticaba que el movimiento dependiera tanto
de banqueros como los Rothschild y otros magnates y sostenía que esa
dependencia era su “segunda opresión”.

Hannah Arent se distanció así de los que mantenían una creencia
bíblica, la de que el pueblo judío era el “pueblo elegido”, con la que
se justificaba todo. Sus diferencias con el proyecto sionista se
acentuaron tras comprobar que las tesis del sionismo más extremista y
chauvinista se imponían en la Conferencia Baltimore de ese año.

En documentos como La crisis del sionismo que publicó y en otros
trabajos Arendt se distanció cada vez más de aquellos que ya no
hablaban de un ‘hogar judío’ sino de un ‘Estado judío’ y mostró su
preocupación por el desprecio con el que se hablaba de la población
originaria palestina con la que no se contaba en ningún plan.

Cabe observar que en su escrito Sionismo reconsiderado provocó una
gran polémica en el seno del movimiento sionista. En él denunciaba al
“nacionalismo radical”: “El movimiento nacional judío
social–revolucionario acabó como la mayoría de los movimientos de este
tipo: dando su más firme apoyo no ya a reivindicaciones nacionales,
sino a reivindicaciones chauvinistas que en realidad no estaban en
contra de los enemigos del pueblo judío, sino de sus amigos
potenciales y de sus vecinos reales”.

Arent hablaba así de los árabes, ‘amigos potenciales’, ‘vecinos
reales’, e igual que Einstein abogaba por un estado binacional
judío–palestino, y en 1951, tres años después de la fundación del
Estado de Israel denunció frontalmente la expulsión por parte del
nuevo estado de cientos de miles de los habitantes originarios de
Palestina. Advirtió: “Después de la guerra resultó que la cuestión
judía, que había sido considerada la única insoluble, estaba desde
luego resulta, principalmente gracias a un territorio primero
colonizado y luego conquistado, pero esto no resolvió el problema de
las minorías y de los apátridas. Al contrario, como virtualmente todos
los demás acontecimientos de nuestro siglo, la solución de la cuestión
judía produjo una nueva categoría de refugiados, los árabes,
aumentando por el número de apátridas y fuera de la ley con otras
700.000 u 800.000 personas”.

Necesario es advertir que Arendt, quien tanto había luchado por el
sionismo tuvo que soportar agresivas críticas del sionismo radical,
que la terminaron acusando de antisemita y hasta de colaboracionista
por su libro Eichman en Jerusalén, en el que hablaba sobre la
banalidad del mal, pretendía ir más allá de una condena frontal al
Holocausto, intentaba desentrañar la mente de un personaje como el
jerarca nazi, cómo se transformaba un ciudadano alemán normal en un
monstruo que en su juicio llegó a reivindicar ser un buen funcionario,
haber cumplido a rajatabla con las órdenes recibidas: Obediencia
debida.

Menájem Begin, un prócer para los sionistas, como Ben-Gurion, también
nacido en Polonia y líder del Irgún, el grupo terrorista más radical,
viajó a Estados Unidos en 1948 tras crearse el artificial estado de
Israel siendo recibido con todos los honores por el gobierno del
demócrata Harry Truman,

Fue la época en la que un grupo de 27 destacados intelectuales judíos
residentes en Estados Unidos, filósofos, rabinos y científicos, entre
los que se encontraban Albert Einstein y Hannah Arendt, enviaron una
carta a los editores de The New York Times el 2 de diciembre de ese
año, repudiando su visita y el proyecto que representaba. Fue
publicada por el diario neoyorkino dos días después:

La nota decía: “Uno de los fenómenos políticos más inquietantes de
nuestro tiempo es la aparición en el recién creado Estado de Israel,
del Tnuat Haherut (Partido de la Libertad), un partido político muy
parecido en su organización, métodos, filosofía política y atractivo
social a los partidos nazi y fascista. Se formó a partir de los
miembros y seguidores del antiguo Irgun Zvai Leumi, una organización
terrorista, derechista y chauvinista de Palestina (…) Es inconcebible
que quienes se oponen al fascismo en todo el mundo, si se les informa
correctamente sobre el historial político y las perspectivas del Sr.
Begin, puedan sumar sus nombres y apoyar al movimiento que
representa”.

En la carta, firmada también por otros intelectuales judíos, como
Isidore Abramovitz, el rabino Jessurun Cardozo, Sidney Hook, Samuel
Shuman, o Irma y Stefan Wolfe, denunciaban la intolerancia de Begin y
los grupos terroristas que él representaba, que llegaban a aterrorizar
a la propia población judía que no se unía a ellos. Afirmaban en la
nota:

“Los profesores fueron golpeados por hablar en su contra y los adultos
fueron fusilados por no permitir que sus hijos se unieran a ellos.
Mediante métodos de gánsteres, palizas, ruptura de ventanas y robos
generalizados, los terroristas intimidaron a la población y le
exigieron un fuerte tributo”.

Después de otras consideraciones los intelectuales judíos terminaban
así su carta: “Por lo tanto, los abajo firmantes utilizamos este medio
para presentar públicamente algunos hechos destacados sobre Begin y su
partido, y para instar a todos los interesados a no apoyar esta última
manifestación del fascismo”.

Cabe recordar que Begin creó en 1973 el partido Tnuat Ha Herut,
liderando el proceso de fusión de este con otras formaciones de la
derecha israelí que daría lugar al nacimiento del Likud, el partido
que hoy lidera Benjamin Netanyahu y el Gobierno ultraderechista
israelí y que en 1979 Begin recibió el Premio Nobel de la Paz.

Sigmund Freud, crítico del fanatismo sionista, padre del
psicoanálisis, austriaco de origen judío, pero declaradamente ateo,
abordó en Moisés y el monoteísmo en los años 30 el proyecto de crear
un ‘hogar judío’ en Palestina preguntándose: “Qué lleva a los judíos a
considerarse como ‘el pueblo elegido’? ¿Cuáles son las consecuencias
de mantener tal narcisismo?

El 26 de febrero de 1930 Freud escribió una carta al doctor Chaim
Koffer, quien en nombre de la Fundación para la Reinstalación de los
Judíos en Palestina le pedía un pronunciamiento a favor del sionismo y
de la migración hacia Palestina. Freud le respondió: “No puedo hacer
lo que usted desea. Mi reticencia a interesar al público en mi persona
es insalvable y creo que las circunstancias críticas actuales no me
incitan para nada a hacerlo (…) Pero, por otro lado, no creo que
Palestina pueda algún día ser un Estado judío ni que tanto el mundo
cristiano como el mundo islámico puedan un día estar dispuestos a
confiar sus lugares santos al cuidado de los judíos”.

Freud, en esa carta, rechazó considerar al Muro de las Lamentaciones
como el lugar sagrado más importante para el judaísmo: “No puedo
experimentar la menor simpatía por una piedad sionista mal
interpretada, que hace de un trozo del muro de Herodes una reliquia
nacional y a causa de ella, ofende los sentimientos de los nativos”.

Valga recordar que el padre del psicoanálisis, que en muchas ocasiones
criticó el nacionalismo y la xenofobia mencionó también en esa carta
su recelo sobre el apoyo interesado de magnates judíos a la idea de
crear el ‘hogar judío’ en Palestina: “Me hubiera parecido más prudente
una patria judía en un suelo históricamente no cargado; en efecto, sé
que, para un propósito tan racional, nunca se hubiera podido suscitar
la exaltación de las masas ni la cooperación de los ricos. Concedo
también, con pesar que el fanatismo poco realista de nuestros
compatriotas tiene su parte de responsabilidad en el despertar del
recelo de los árabes”.

Freud en 1939, cuando las organizaciones terroristas sionistas
atacaban diariamente las aldeas palestinas advirtió: “La mayor
calamidad sería un enfrentamiento permanente con el pueblo árabe”,
recordando que “en tiempos pasados ningún pueblo mostró mayor amistad
con los judíos que los antepasados de estos árabes”.

Crédito: Roberto Montoya – VIENTO SUR – 20/08/2025