Por Paulo Cannabrava
La cumbre celebrada en Río de Janeiro los días 6 y 7 de julio reunió a líderes del BRICS+ –bloque ampliado de potencias emergentes– para debatir la reforma del orden global, afirmar el protagonismo del Sur Global e impulsar la cooperación entre países en desarrollo.
Se celebró los días 6 y 7 de julio en Río de Janeiro la tan esperada Cumbre del Brics+, encuentro que reunió a jefes de Estado de los 10 países miembros del bloque –Brasil, China, India, Rusia, Sudáfrica y otros– y de sus 10 países socios, como Bolivia, Cuba, Nigeria, Tailandia y Vietnam. Marcando la primera cumbre tras la ampliación del grupo (que ahora engloba a 20 pa& iacute;ses), el evento fue saludado como una oportunidad histórica para remodelar el orden geopolítico. Desde el inicio, quedó claro que la reforma de la gobernanza global y la cooperación entre naciones en desarrollo serían las banderas centrales del encuentro –no por casualidad, los dos ejes prioritarios definidos por la presidencia brasileña del Brics en 2025.
Reforma del orden global en debate
Uno de los temas dominantes fue la reforma del orden global, con críticas a las estructuras de poder establecidas tras la Segunda Guerra Mundial. Los líderes del Brics+ reclamaron una mayor voz para los países emergentes en las instituciones internacionales, defendiendo, por ejemplo, el aumento de la participación de África, América Latina y el Caribe en los procesos de toma de decisiones globale s. En el ámbito económico, se enfatizó la necesidad de corregir la subrepresentación del Sur Global en los organismos financieros: se exigió el aumento de las cuotas de los países en desarrollo en el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como de su participación accionaria en el Banco Mundial. Tales propuestas reflejan la insatisfacción con una gobernanza internacional considerada anacrónica y desequilibrada.
No faltaron llamados a reformar órganos como el Consejo de Seguridad de la ONU y la Organización Mundial del Comercio. Como destacó el primer ministro indio, Narendra Modi, la reciente expansión del Brics demuestra la capacidad del grupo de evolucionar, pero es necesario actualizar las instituciones globales “para los tiempos actuales”, pues “no se puede hacer funcionar un software del siglo XXI en máquinas de escribir del siglo XX”. En otras palabras, el Brics+ aprovechó el escenario de Río para exigir una modernización del orden mundial, abriendo espacio efectivo al multipolarismo. Los países del bloque reafirmaron su compromiso con el multilateralismo y la defensa del derecho internacional, subrayando la necesidad de una gobernanza más representativa y justa –una señal clara de que el statu quo hegemonizado por el Norte global ya no es aceptable sin reformas profundas.
Protagonismo del Sur Global en el centro
Otro tema central fue el protagonismo del Sur Global. La cumbre sirvió como vitrina para la unión política de regiones históricamente marginadas en las estructuras de poder mundial. El documento final destacó la importancia de los países en desarrollo como “motor de transformaciones positivas” en el escenario contemporáneo. Quedó clara la narrativa de que el Sur Global n o pretende ser más un actor secundario: por el contrario, quiere dictar la agenda en áreas clave como desarrollo sostenible, tecnología y solución de conflictos.
Con la incorporación de nuevos miembros y socios, el Brics+ adquirió un alcance sin precedentes. Hoy, el bloque expandido representa el 55% de la población mundial y cerca del 46% del PIB global, concentrando algunas de las economías de mayor crecimiento. Esta masa crítica otorga peso a sus reivindicaciones –y simboliza un giro histórico. Por primera vez desde el fin de la Guerra Frí a, una coalición liderada por países del Sur Global se presenta de forma tan abierta como contrapunto a las potencias tradicionales, reclamando voz activa en la definición de las “reglas del juego” globales. Los líderes destacaron que, en un mundo multipolar, es fundamental que las naciones en desarrollo fortalezcan la coordinación y el diálogo entre ellas para construir una gobernanza más equitativa y relaciones mutuamente beneficiosas. En suma, el mensaje de Río fue claro: sin el Sur, no hay solución duradera a los desafíos globales.
Cooperación ampliada entre naciones en desarrollo
Más allá de los discursos, la Cumbre del Brics+ buscó demostrar cooperación práctica entre sus miembros. El encuentro resultó en nada menos que 126 compromisos conjuntos, que abarcan desde gobernanza global y finanzas hasta salud, inteligencia artificial y cambio climático. Se lanzaron varias iniciativas para dar sustancia a estos compromisos. Por ejemplo, se firmó la Asociaci&oacut e;n del Brics para la Eliminación de Enfermedades Socialmente Determinadas –un esfuerzo colectivo para combatir las causas profundas de las desigualdades en salud, como la pobreza y la exclusión social. También se aprobó una Declaración de Líderes sobre la Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial, reflejando una visión compartida del Sur Global sobre el rumbo de esta tecnología emergente. En el ámbito climático, los países respaldaron una Declaración Marco sobre Finanzas Climáticas, delineando una hoja de ruta para movilizar recursos frente a la crisis climática en los próximos años.
Estas iniciativas buscan traducir la retórica de solidaridad en acciones concretas. Como destacó la delegación brasileña, se trata de esfuerzos conjuntos para promover soluciones “inclusivas y sostenibles” a los desafíos globales urgentes. Además, se discutió el incentivo al comercio en monedas locales y el fortalecimiento de mecanismos financieros propios, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), para reducir la dependencia del dólar y de instituciones dominadas por el eje EEUU-Europa. En síntesis, el mensaje fue de autosuficiencia cooperativa: los países del Brics+ quieren apoyarse mutuamente en proyectos de desarrollo, tecnología e infraestructura, demostrando en la práctica los beneficios de la colaboración Sur-Sur.
Desafíos y perspectivas para el Brics+
Aunque la cumbre representó un importante avance simbólico, no todo es color de rosa en el camino del Brics+. Detrás del optimismo de los discursos, persisten desafíos significativos. Uno de los principales es mantener la cohesión interna de un grupo tan diverso. Hoy el bloque incluye desde democracias populosas hasta autocracias petroleras, con intereses que no siempre convergen. Divergencias geopol&ia cute;ticas latentes –como las rivalidades históricas entre India y China, o las tensiones recientes entre Rusia y Occidente– pueden dificultar la formulación de posiciones comunes en temas sensibles. Además, la propia expansión acelerada genera dilemas sobre la identidad y eficacia del grupo: los analistas alertan sobre la necesidad de equilibrar inclusión y eficiencia, generando resultados concretos sin reproducir modelos obsoletos de alianzas meramente retóricas. Es decir, de poco sirve agregar muchos miembros si el Brics+ no logra actuar de forma cohesionada y pragmática.
Otro desafío viene de fuera: las potencias establecidas tienden a ver con reservas (cuando no con abierta hostilidad) el fortalecimiento del Brics+. Varios países que han expresado interés en adherirse enfrentan presiones económicas y políticas para desistir, incluidas amenazas de sanciones y represalias por parte de grandes potencias. Esta realidad impone cautela –y explica por qué algunas naciones prefieren, por ahora, la condición de “socio” en lugar de miembro pleno. El Brics+ tendrá que caminar una línea delicada, buscando ampliar su influencia sin precipitar un enfrentamiento directo de bloques que pueda aislar a ciertos miembros o alejar a potenciales aliados.
Un hito histórico con un largo camino por recorrer
Al final, la Cumbre del Brics+ de 2025, celebrada en suelo brasileño, ya entra en la historia como un hito en la lucha por un orden mundial más inclusivo. Fue la primera vez que un conjunto tan amplio de naciones en desarrollo –representando más de la mitad del planeta en población y riqueza– se reunió con el declarado propósito de cambiar las reglas del juego global a su favor. El si mbolismo de este momento es poderoso: el Sur Global se presentó no más como actor secundario, sino como protagonista unido en torno a una visión común. Sin embargo, el simbolismo por sí solo no basta. Los desafíos por delante son proporcionales a las ambiciones proclamadas. Sin unidad estratégica entre los miembros y persistencia para enfrentar las inevitables resistencias de las potencias tradicionales, el proyecto Brics+ corre el riesgo de perder fuerza. La historia no se hace de la noche a la mañana –y redefinir el orden mundial es un proyecto de largo aliento. Resta al Brics+ demostrar, en los próximos capítulos, si logrará convertir expectativas en realidad. Río de Janeiro ofreció el escenario y encendió los reflectores; ahora, corresponde a estos países escribir juntos los próximos actos de esta transformación tan deseada como desafiante.
Artículo redactado con el apoyo de ChatGPT.





