GAZA. LA CARCEL AL AIRE LIBRE MÁS GRANDE DEL MUNDO

               Por: Franklin Ledezma Candanedo,
        columnista de opinión agroambiental y turístico,
         defensor permanente del desarrollo sostenible,
           de la golpeada Madre Tierra, del ambiente
         y de todas las especies, en peligro inminente
                  de la extinción total irreversible.

 Desde 1967, hace 58 años, Israel ocupa ilegalmente la Franja de Gaza
y estableció un férreo control militar que mermó las condiciones de
vida y las libertades de sus habitantes quienes están encerrados,
controlados y utilizados como mano de obra barata, por lo que la vida
bajo la ocupación es insostenible.

Cabe destacar que en los 360 km 2 que ocupa la Franja de Gaza viven
2,3 millones de personas y que, en 1987, cuando un vehículo militar
embistió a una furgoneta de trabajadores palestinos, estalló la
primera intifada.

En los años 2000 y 2001, Israel bombardeó el puerto y el aeropuerto de
Gaza y a partir de 2007 decretó un bloqueo terrestre, marítimo y aéreo
que ha restringido gravemente las importaciones y las exportaciones,
la circulación de las personas dentro y fuera de Gaza, el acceso a la
atención sanitaria, la educación y los medios de subsistencia,
incluidas las tierras agrícolas y la pesca.

Israel, el brutal ocupante, mantiene una presencia de fuerzas
militares y de seguridad en Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén
Oriental, desde 1967 y todo eso a pesar de que numerosas resoluciones
de la ONU han rechazado la anexión ilegal por Israel de partes del
Territorio Palestino Ocupado y la construcción de asentamientos
ilegales.

La ocupación militar de Palestina por parte de Israel es una de las
más largas y mortíferas del mundo. Durante décadas se ha caracterizado
por la práctica generalizada y sistemática de violaciones graves de
derechos humanos contra la población palestina.

En julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) resolvió
que la presencia de Israel en el Territorio Palestino Ocupado es
ilegal, y, en septiembre de 2024, la Asamblea General de las Naciones
Unidas pidió a Israel que pusiera fin a la ocupación en el plazo de un
año.

Cabe advertir que la ocupación ilegal también ha permitido y afianzado
el sistema de apartheid impuesto por Israel y en ese contexto de
apartheid y ocupación ilegal es en el que Israel ha cometido –y
comete- genocidio contra la población palestina de Gaza.

Denunciamos que la población palestina que vive bajo la ocupación de
Israel, el mayor criminal histórico, se ve sometida a innumerables
violaciones de derechos humanos, mantenidas por un régimen
institucionalizado de opresión y dominación sistemática. La vida
cotidiana en Palestina requiere lidiar con un complejo sistema de
puestos de control militares, vallas, muros y bases militares.

El férreo control  israelita sobre todos los aspectos de la vida en
Palestina, desde el registro civil hasta el suministro de agua y de
electricidad, le permite aplicar un sistema draconiano de control
sobre la población palestina.

Ese control ha alcanzado un grado de crueldad sin precedentes en la
Franja de Gaza, calificada como la “prisión al aire libre” más grande
del mundo, donde el genocida ocupante mantiene desde hace 16 años un
bloqueo ilegal. El ocupante sionista ha aplicado este bloqueo de forma
aún más rigurosa desde el 9 de octubre de 2023.

Advertimos que ese criminal bloqueo, sumado a las constantes
operaciones militares de Israel, han sumido a la Franja de Gaza en una
de las crisis humanitarias y de derechos humanos más graves de la
época actual.

Desde que la bestia (666) sionista ocupó ilegalmente el territorio
palestino, se inició la catástrofe (nakba) de los pobladores, porque
Israel ha cometido –y comete-el crimen de lesa humanidad del
apartheid, destrucción de viviendas y cultivos, la expulsión y el
desplazamiento masivos de más de 700.000 persona y la construcción de
asentamientos ilegales. Todas estas macabras acciones cuentan y son
apoyadas por Donald Trump, desquiciado mandatario del intervencionista
gobernante del belicoso imperio hegemónico y otros secuaces
subalternos del mundo entero.

Las criminales actividades del peligroso sionismo y su arsenal nuclear
en Dimona (ciudad ubicada en el desierto del Néguev, en el sur de
Israel), sólo es comparable con la manifiesta incapacidad de
instituciones mundiales (ONU, Consejo de Seguridad y la Corte
Internacional de Justicia), de hacer valer sus decisiones y
pronunciamientos, de la falta de acciones concretas de organizaciones
inoperantes de derechos humanos y la manifiesta pasividad de la
humanidad entera, que mira hacia otra parte, dedicada como está a la
vida loca y a praxis igual o peor que las desarrolladas por los
habitantes de Sodoma y Gomorra, cuyo final catastrófico es
públicamente conocido.