PREGUNTAS INQUIETANTES SOBRE ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Por Luis Manuel Arce Isaac

  No sé si habrán notado la tranquilidad y seguridad que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intenta transmitir a los electores y también a sus aliados y adversarios en el exterior, acerca de las elecciones intermedias de este 3 de noviembre, y su claro mensaje de que las ganará.

   Eso obliga a hacerse algunas preguntas, pero no para contestarlas sino para mantenerse alertas y vigilantes. Trump está muy confiado y, por tanto, hay que desconfiar.

    La primera pregunta es ¿por qué esa flemática serenidad si las encuestas apuntan a todo lo contrario?: Su índice de popularidad iguala o supera los récords de Harry S. Truman, Richard Nixon o los George Bush, padre e hijo.

    Puede haber muchas respuestas, pero las que sean deben tomar en consideración, en primer término, la necesidad imperiosa de Trump de no perder la mayoría calificada de las dos cámaras del congreso, ni las gubernaturas en juego en estados importantes para él, sin lo cual su autoritarismo no podrá seguir funcionando.

    En las condiciones de polaridad extrema en las que se desarrolla la vida política nacional, Trump está convencido de que cualquier cosa puede suceder, por lo tanto debe tener muy bien concebido al menos dos planes, A y B, el primero para no perder su actual mayoría, y el segundo por si se la arrebatan, desconocer sus resultados o inventar algo para mantener el control de todo y no se produzca un impeachment contra él, Marco Rubio y Pete Heghseht.

   Es bastante lo que deben preservar los republicanos: mantener o aumentar sus 53 senadores, y los 218 representantes, y los 26 gobernadores estatales republicanos contra 24 demócratas, para lo cual están obligados a ganar los bastiones demócratas New Hampshire y Vermont y no perder ninguno de los suyos, en especial los de Arizona, Kansas, Michigan, Pensilvania y Wisconsin en lo que las encuestas mejoran la posición demócrata.

  Las trampas ya deben estar muy bien perfiladas, pues Trump no pudo remontar en la campaña electoral los graves problemas domésticos que su administración ha creado con su errónea política interna agravada con la guerra en Irán y sus pésimas relaciones internacionales basadas en conflictos comerciales, arancelarios y bastardas amenazas.

   Se incluyen en esos hándicaps la inflación galopante, tasas de interés y precios por las nubes, en especial la gasolina, el gas y los combustibles en general. Únase su brutal política contra los inmigrantes usando de mascarón de proa el repudiado y criminal ICE, en especial los latinos, cuyo umbral de apoyo se ha reducido a un pequeño grupo en la Florida. Los propios republicanos admiten adelantadamente la pérdida del voto de ese sector.

    Ante tal situación, Trump ni sus seguidores han ocultado las maniobras para entorpecer o anular las elecciones en distritos estratégicos del Medio este y en el Suroeste que les son desfavorables, y ampliar facilidades a los que controlan para consolidar su mayoría.

entre segmentos de clase trabajadora y del electorado latino, de gran importancia en estados respectivamente.

    A pesar de que las bases republicanas siguen fieles en su mayoría, los líderes republicanos admiten que otras decenas de millones de ciudadanos que votaron por él ahora no lo harán, o no es seguro que lo hagan porque se sienten frustrados ante la polarización creciente, la crisis económica, la pérdida de capacidad de compra de los salarios, y el autoritarismo de Trump cuyo narcisismo lo ha llevado a aventuras muy criticadas como la guerra en Irán, el secuestro de Nicolás Maduro, los asesinatos en alta mar, el bloqueo a Cuba y su alejamiento de aliados estratégicos como Europa.

   Es lastimoso que, en ese cuadro bastante favorable para una recuperación demócrata, los multimillonarios de su establishment se hayan aliado con los Elon Musk y comparsa, lo cual no es nada bueno porque, a pesar de la división y de su abierta traición, siguen siendo los líderes de ese partido y, como por su capital controlan las estructuras partidistas, pueden influir en contra de los grupos progresistas que son quienes están dándole batalla a Trump.

    Esa actitud se constata en el dato de que los grandes donantes, que son el verdadero poder en EEUU, aportan más a los trumpistas que a los demócratas, y diversas fuentes aseguran que los principales donantes ya superan la entrega de mil 500 millones de dólares a los republicanos.

    Esperemos que el ala progresista demócrata, que sería el factor básico de una derrota republicana, tenga preparadas sus respuestas para los escenarios descritos y no permita que las truculencias republicanas ganen terreno.

   Incluso estén listos para enfrentar lo peor: una maniobra del Congreso o del Poder Judicial para alterar los resultados seguida de una posible rebelión violenta de los partidarios del MAGA con el ICE como su infantería.

    Es muy difícil creer que vayan a aceptar pasivamente los resultados de las elecciones cuando hace apenas unos días Trump volvió a insistir que estaba preparado y en su derecho, a aspirar a un tercer mandato, incluso reconociendo que la constitución lo prohíbe.

    Claro, es importante ver si a los millonarios de su gobierno les conviene que siga en la Casa Blanca, o si ya su senilitud les está perjudicando a tal extremo que aceptarían un impeachment para sacarlo de allí y poner al vicepresidente James David Vance —si el juicio político no lo alcanza a él también—, o en su defecto al maleable presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Esperemos al día 3, ya falta poquito.