DONALD TRUMP ES COLOCADO ANTE EL JUICIO DE TODOS

La convocatoria de Cuba a una reunión extraordinaria de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico de EEUU contra la isla, no es la simple demanda característica de las 33 consecutivas desde 1992 en las que el mundo entero condenó el bloqueo y todo terminaba allí.

Esta vez no debería ser así, aunque los resultados no sean vinculantes, y debería entenderse como un juicio tipo Nuremberg porque tiene como centro un recrudecimiento genocida y malthusiano consciente y premeditado con alevosía, para exterminar por hambre, enfermedades, infecciones y estrés altamente letal a los cubanos.

Es la aplicación planeada y ejecutada de una matanza mediante todos los resortes a mano de una guerra económica inédita para privar a la nación de la forma más absoluta posible de su comercio internacional, de sus relaciones económicas y diplomáticas, usando para ello leyes nacionales internas de EEUU que las aplica de forma extraterritorial a cualquier país que negocie con Cuba, en violación de acuerdos y normas del derecho al libre comercio avalado por los principios, acuerdos y pactos que configuran el orden internacional vigente.

Por tanto, en esta 34.ª reunión no se trata solamente del bloqueo a Cuba, sino de impedir una violación inaceptable de todo lo que la sociedad global ha legislado durante años para mantener un equilibrio y cierta estabilidad en las relaciones internacionales a fin de mantener la frágil paz en la que vive el mundo a pesar de las decenas de guerras simultáneas en todos los continentes, en las cuales están presentes tropas de Estados Unidos.

En consecuencia, la convocatoria de Cuba —la cual no pudo ser revertida por la diplomacia estadounidense, pues fue aprobada por 136 votos y apenas nueve en contra de gobiernos subalternos a Washington— trasciende los marcos de las 33 habituales de este tipo y se convierte en un juicio internacional al neofascismo trumpista.

Esta sesión podría muy bien parangonarse con la del Tribunal de Nuremberg, porque se juzga a autores de una guerra económica no para asfixiar a una nación y doblegarla, sino para provocar una matanza silenciosa por hambre, desnutrición y crisis nerviosas, algo muchísimo peor que los fusilamientos de judíos por las SS nazis en el ghetto de Varsovia.

La idea maquiavélica es ocasionar muertes por sufrimiento y agonía ex profeso con finalidad de ocupación territorial y dominio económico y político de un país libre, soberano e independiente que no constituye peligro de ningún tipo a la seguridad nacional de Estados Unidos en todos sus aspectos.

Una aberración narcisista, de una brutalidad inconmensurable y una discriminación étnica que la humanidad no puede admitir porque ofende demasiado profundamente su dignidad.

Cuba, como lo ha sido Irán, es un ejercicio atroz del nuevo concepto de dominación sociopolítica para el fortalecimiento de una geoestrategia de conquista que tiene al mundo en la peor situación e inestabilidad social y militar desde la Segunda Guerra Mundial.

  • El agravante es que sus líderes no tienen reparo en la impunidad y alevosía con la que actúan en la creencia de que estamos en un mundo disfuncional.

No tienen reglas que respetar, y sus principios son de bestias, según los cuales quien más colmillos largos tenga y más fuerza en su mordida para triturar huesos, es quien gana. Y Trump se cree que los de Estados Unidos son más punzantes y grandes que los dientes de sable del tigre.