TRASCENDENCIA DE MENSAJE DE LIER IRANI MOJTABA KHERMANEI

Por Luis Manuel Arce Isaac e .

Por primera vez en mucho tiempo, desde las alertas visionarias de Simón Bolívar, José Martí y Fidel Castro, no se escuchaba un mensaje de trascendencia histórica sobre el futuro de la humanidad, de tanta importancia universal como el que acaba de lanzar el líder iraní en el que insta a crear un orden mundial que trascienda hegemonía de Estados Unidos.

Para quienes todavía no asimilan que estamos, en pleno, en un período de transición de una época de cambio hacia un cambio de época, los invito a reflexionar con la atención que amerita el momento en el cual Donald Trump —pero en particular el capital altamente concentrado del cual él es solamente un exponente y su cargo como presidente lo convierte en cabeza de ese pensamiento chantajista de freno al cambio— ha sido el instrumento para develar los elementos de ese proceso de transformación irreversible, pero no lineal, del actual modo social de producción.

Parodiando a Lenin en la época a principios del siglo XX de enfrentamiento entre bolcheviques y mencheviques, la sociedad actual como un todo (con sus divisiones de clase, religiosas, filosóficas u culturales), está justo dando un paso adelante y dos atrás desde la caída del muro de Berlín, lo cual algunas personas de buena fe lo entienden como un retroceso político, ideológico y socioeconómico de la izquierda y un triunfo del conservadurismo extremo, cuando es absolutamente todo lo contrario.

Que nadie honesto, revolucionario, demócrata real, participativo, defensor consciente de los sentimientos de la nación en la que nació y creció, se angustie ni tema por desenlaces horrorosos como los  conflictos militares que la geoestrategia, el petróleo, el posesionamiento de tierras raras y otros recursos, genera desde la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del Este. 

Tampoco de los golpes electorales y judiciales que ponen a la derecha en las presidencias de países débiles.

Es hora de comprender que el calentamiento de la guerra fría desde la primera agresión a Irak hasta Irán, es expresión del trascendente movimiento dialéctico que protagonizamos, el cual se distingue del reflujo de las aguas del océano en que no tiene una costa que detenga su avance por mucho arrecife que haya.

El llamado de Mojtaba Khamenei, aunque limitado al mundo musulmán, indica que si bien la dialéctica es la característica principal del movimiento y actúa según leyes que lo rigen al margen de la voluntad del hombre, esa realidad no es un axioma inflexible porque la persona humana tiene la capacidad de frenarlo o acelerarlo, y tiene los instrumentos para hacerlo.

De allí que Khamenei expresara de manera puntual el Día de Arafat, segundo de la peregrinación del Hajj, el por qué el mundo musulmán puede actuar para crear con éxito un nuevo orden que trascienda a Estados Unidos. Explicó: “las naciones de la región poseen muchas capacidades compartidas e intereses comunes que darán forma al nuevo orden y a la futura arquitectura mundial”.

Sostuvo que: “las naciones musulmanas están entrando en una fase histórica en la que las realidades regionales cambian irreversiblemente y la influencia militar estadounidense disminuye progresivamente”.

Y muy importante: «el tiempo no retrocederá, y las naciones y tierras de la región ya no servirán de refugio para sus fechorías ni para establecer bases militares en la región, y se aleja cada día más de su antiguo estatus”. Para quien no lo entienda, no es una parábola de Jesús o del Mesías, es una expresión que retrata el momento histórico que Donald Trump y sus multimillonarios presienten: EE. UU. “se aleja cada día más de su antiguo estatus”. Es decir: el imperialismo estadounidense se está acabando, y su camino a la desintegración es objetivo e irrefutable. Ya nada sucede debido a su influencia como imperio dominante, sino como potencia militar y económica. He ahí el sumun de su flaqueza.

Khamenei señala dos hechos básicos por los cuales el mundo musulmán pude incidir en el cambio de época que traza el sendero hacia la desaparición del imperialismo estadounidense: “las fuerzas musulmanas han enfrentado la influencia estadounidense, desafiado la ocupación israelí y combatido al grupo terrorista Daesh. El régimen israelí es inestable y se acerca a las etapas finales de su existencia. Los golpes de Irán a Estados Unidos y la entidad sionista han sido decisivos a pesar de la poderosa agresión conjunta de dos potencias nucleares”.

Analícense con toda escrupulosidad las palabras de Khamenei, y será fácil entender que Trump actúa violentamente, con todo el poder que le queda y el cinismo que lo caracteriza, desde una posición de debilidad respaldado por un manejo impecable de los reflejos condicionados y la teoría del miedo, que son los factores donde precisamente radican los mayores peligros para los que no tienen carácter o no se le pueden oponer, algo que no sucede con China, Rusia ni Corea del Norte, porque los tres son harina de otro costal, no solamente por su favorable situación económica y tecnológica, sino porque son potencias nucleares cuyos misiles llegan fácilmente a Estados Unidos.

Es en ese contexto donde Europa falla. Podrían tener la misma fortaleza que Beijing, Moscú y Pyongyang frente a Washington, pero para ello tendrían que olvidarse de Ucrania, y hacer una reconversión de la OTAN, no para enfrentar a esas tres potencias, sino para fortalecerse al amparo de ellas y terminar definitivamente de ser peones de Trump. 

Eso es difícil que se logre, porque la Europa otanista cría lobos y hienas de la misma camada estadounidense, y eso explica por qué Trump los trata a punta de pie mientras desde Londres, Alemania, París y los demás, ponen el trasero para que lo haga.

Si en Europa se pensara con inteligencia sobre lo que acaba de expresar Khamenei, si el realismo en el viejo continente se impusiera a los interés de casta y de grupos,  y se pensara más en los pueblos europeos estresados y angustiados, el orden mundial nuevo al que se refiere el líder iraní se construiría más rápido de lo que pueda imaginarse.

Cambiaríamos la atmósfera de inseguridad, regresaríamos a un equilibrio racional estable y duradero, se acabarían la guapería de barrio, los crímenes de lesa humanidad, y aunque haya luna llena el lobo no saldría nunca más de las entrañas del hombre y los aullidos desde la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, seguramente no volverían a escucharse.

Luis Manuel Arce Isaac

Periodista cubano