BRASIL. LA DERECHA SE UNE

Ventana partidaria moviliza a 135
diputados de 20 partidos y refuerza
mayoría conservadora


El cambio de siglas amplía el poder de la derecha en el Congreso
y revela la fragilidad ideológica del sistema político brasileño


Paulo Cannabrava Filho


La llamada ventana partidaria volvió a demostrar la profunda fragilidad ideológica del sistema político brasileño. En total, 135 diputados federales de 20 partidos cambiaron de sigla en el actual reordenamiento político del Congreso Nacional. El movimiento, lejos de reflejar divergencias programáticas o debates ideológicos, revela sobre todo la disputa por poder, recursos públicos, tiempo de televisión y supervivencia electoral.


El principal beneficiado fue el PL, que amplió su bancada y alcanzó cerca de 101
diputados federales, consolidándose como la mayor fuerza política de la Cámara. El PP también creció, llegando a alrededor de 54 diputados. El PSD mantuvo
aproximadamente 47 parlamentarios. El PSDB ganó musculatura política y llegó cerca de 19 diputados, mientras que el PSB avanzó hasta unos 20 parlamentarios.
Entre las mayores pérdidas está União Brasil, que perdió cerca de 15 diputados y cayó a aproximadamente 44 parlamentarios. El PDT sufrió un fuerte vaciamiento y quedó reducido a apenas seis diputados federales. El PT prácticamente mantuvo su bancada en torno a 66 diputados. Partidos menores, como PSOL, PCdoB, PV y Solidariedade, registraron pequeñas oscilaciones.


El cuadro consolidado refuerza el dominio de la derecha y de la extrema derecha dentro del Congreso Nacional. La oposición conservadora mantiene una mayoría cercana a 300 parlamentarios, mientras que los sectores democráticos y progresistas suman alrededor de 100 diputados. Esa correlación de fuerzas ayuda a explicar las enormes dificultades enfrentadas por el gobierno federal para aprobar medidas de interés popular e implementar cambios estructurales.


La llamada gobernabilidad termina sometida a negociaciones permanentes, distribución de cargos, liberación de enmiendas parlamentarias y acuerdos circunstanciales. El debate programático desaparece. Muchos partidos perdieron identidad ideológica y se transformaron apenas en máquinas electorales volcadas a la disputa de fondos públicos y espacios de poder.


El elector vota creyendo en determinado programa político, pero después observa al parlamentario migrar libremente hacia otra sigla, muchas veces sin ninguna justificación coherente. Eso profundiza el descrédito de las instituciones y aumenta la sensación de distanciamiento entre el sistema político y los intereses reales de la población.

Vivimos una democracia profundamente condicionada por el poder económico y por la influencia del capital financiero. En año electoral, se vuelve cada vez más necesaria una reforma política capaz de fortalecer partidos programáticos, reducir el fisiologismo y devolver legitimidad a la representación popular. Sin eso, el país continuará rehén de mayorías parlamentarias construidas mucho más por conveniencias que por compromisos ideológicos o proyectos nacionales.


Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul