LA GUERRA CONTRA IRÁN, OTRO LABORATORIO

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                 Por: Darío Bursztyn, comunicador y sociólogo argentino.
purochamuyo.com /Cuadernos de Crisis.

Síntesis de este esclarecedor reportaje que hacemos del conocimiento
público, por su realismo y actualidad. Esperamos que se le dé amplia
difusión.

                             Por. Franklin Ledezma Candanedo,
                   Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá (*).

Occidente experimenta con nuevas tecnologías, «super bombas» y el
inédito aporte de la IA.

Irán derriba el mito USA con drones y ahoga la economía global en el
estrecho de Ormuz.

Tanto en la llamada “Guerra de los Doce Días” en junio de 2025 como la
vigente, desde el 28 de febrero, son un laboratorio de puesta en
práctica de las nuevas tecnologías y el inédito aporte de la IA.

El capitalismo, sostiene Kobori (economista), al final, siempre
termina en guerra porque precisa hacer valer sus intereses. Y vuelve
unos pasos para atrás para tomar dos datos clave: la crisis del
petróleo de los años 1970 y qué pasó con la Revolución Iraní de 1979.

La guerra con Irán ha supuesto que EE.UU. redoble la apuesta, ya que
no surtió efecto su guerra arancelaria, es decir, su guerra económica.
Era previsible que, en algún momento, se lanzara al uso real del poder
militar para hacer valer sus intereses. Y esos intereses, en realidad,
consisten en intentar bloquear el ascenso económico de China.”

Sin embargo, subraya Kobori en la extensa entrevista concedida a Opera
Mundi, hay una relación entre el flujo de capitales, las guerras y lo
que llama “la burbuja de la IA”.

“Ya estábamos al borde de una crisis financiera mundial. Y la guerra
de Irán va a acelerar todo esto, porque el impacto inmediato es
siempre una crisis de liquidez.

“Esta guerra está interrumpiendo el flujo de capitales que genera el
capitalismo financiero que como hace medio siglo, también ahora
proviene de Oriente Medio, para alimentar el mercado financiero
estadounidense”.

El Gobierno estadounidense estaría gastando entre 12 y 15.000 millones
de dólares por semana en la guerra con Irán. “Casi todo ese dinero va
a parar a los bolsillos de las grandes corporaciones del complejo
militar-industrial”, remarca Kobori.

“La guerra siempre ha sido una de las apuestas de EE. UU. y del
Complejo Militar-Industrial, porque eso también genera dinero. Si no
se consigue generar dinero en la economía normal, la real, generemos a
través de las guerras.

Las empresas de armamento más tradicionales adquieren startups de IA y
desarrollan productos basados en esta tecnología. “El sector de la IA
militar evoluciona rápidamente. La IA militar es un gran negocio, y
muchas empresas (tanto nuevas como tradicionales) quieren quedarse con
una tajada” …y Trump se la va a servir en bandeja.

A inicios de abril, Donald Trump recibió en la Casa Blanca a los
ejecutivos de las más importantes empresas contratistas de defensa.
Concretamente acudieron RTX (Raytheon), Lockheed Martin, Boeing, BAE
Systems, Honeywell Aerospace y Northrop Grumman. A todas les exigió un
mayor ritmo de producción y criticó que priorizaran el reparto de
dividendos entre los accionistas por sobre la reinversión en nuevas
fábricas que multipliquen la provisión al Pentágono.

¿Qué pasó, entonces, que el gigante bélico más notable jamás conocido
no pudo con Irán?

Una semana después de los primeros ataques, el especialista en temas
militares John Keller publicaba desde Washington una advertencia en
relación a la cantidad de armamento utilizado en esos pocos días con
la intención de demoler Irán, y la dificultad que energía para
recomponer los stocks de municiones inteligentes y armas guiadas.

“El arsenal de alta tecnología de EE. UU. ha quedado plenamente de
manifiesto, ya que una amplia variedad de municiones convencionales e
inteligentes ha eliminado al alto mando iraní, las bases de misiles,
los centros de mando y control, y los buques de guerra de superficie
de la Armada iraní”.

La guerra contra Irán comenzó con un aluvión de armas avanzadas desde
tierra, mar y aire, incluyendo misiles crucero Tomahawk lanzados desde
buques de guerra, misiles de ataque de precisión (PriSM), municiones
de ataque directo conjunto (JDAM), armas de ataque conjunto a
distancia (JSOW) y armas no tripuladas, como los drones del Sistema de
Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo (LUCAS), y el avión no
tripulado MQ-9 Reaper.

Para cerrar el triunfalista análisis de pocos días de guerra contra
Irán, decía John Keller:

“Sin embargo, hay un problema: las armas inteligentes son caras y sus
reservas no duran para siempre. Los mandos militares estadounidenses
calculan que los ataques contra objetivos iraníes podrían prolongarse
mucho más allá del fin de semana. Podrían prolongarse durante las
próximas cuatro o cinco semanas.

Y agregaba:

“Sin un suministro abundante de munición inteligente, los ataques
continuados contra objetivos importantes en Irán podrían volverse cada
vez menos inteligentes y menos precisos”.

Lo cierto es que en esta multipolaridad que Occidente -y en particular
EE. UU- se niegan a reconocer en la economía y ahora, probablemente,
en los hechos bélicos, algo cambió. El mayor poder militar del mundo,
socio integrante del bloque militar más grande del mundo -la OTAN-, y
con su socio adherente en Oriente Medio (Israel) no pudieron contra
Irán.

Tal vez el mejor resumen de lo sucedido lo haya escrito el periodista
científico y piloto, Jeff Wise, cuando promediaba el mes de marzo.
Decía:

“Pocas horas después del primer ataque, Irán respondió con sus propias
andanadas, aunque de naturaleza diferente. Con su fuerza aérea
neutralizada, Irán recurrió a oleadas de misiles balísticos, misiles
de crucero y drones. Aunque se trataba de armas baratas y de baja
tecnología en comparación con las estadounidenses, el contraataque
iraní causó un número sorprendentemente elevado de víctimas”-

Claramente, a dos meses de los ataques occidentales, no fueron los
drones lo que frenó los bombardeos masivos, sino la interrupción del
tráfico por el estrecho de Ormuz, que impidió el paso del petróleo y
el gas.

Aunque el estrecho de Ormuz se reabra pronto, reanudar la producción y
el transporte de fertilizantes y sus componentes podría llevar
semanas, semanas de las que los agricultores del Hemisferio Norte no
tienen porque pierden la temporada, que es abril y mayo. Y la
inflación en alimentos impactará por mucho tiempo.

Si la guerra no se acaba, o acaba con “borrar el mundo persa de la faz
de la tierra” se destruye la producción, la capacidad de extraer y
refinar petróleo. Y eso no se restablece en menos de 10 o 15 años.

Crédito y enlace: Darío Bursztyn.

www.purochamuyo.com /Cuadernos de Crisis

(*) Columnista de opinión, agroambiental y turístico, promotor del
desarrollo sostenible, defensor de la madre tierra, del ambiente y de
todas las especies, en peligro real de extinción irreversible por
diversos factores negativos, entre otros, la falta de acción colectiva
en el plano nacional y mundial.

Himno patriótico: Colonia americana ¡No! Luis (Lucho) Bejarano
(q.e.p.d), autor de la letra y de la música, colega, amigo y compañero
de mil batallas.