ESTRECHO DE ORMUZ. EL IMPERIALISMO PIERDE EL CONTROL DE LA GUERRA

La guerra en Oriente Medio revela el error de cálculo de Washington y Tel Aviv, sacude el mercado mundial de energía y muestra un imperio en pérdida de hegemonía

Paulo Cannabrava Filho

El lingüista y pensador estadounidense Noam Chomsky afirmó en cierta ocasión que los Estados Unidos son el mayor terrorista de la historia. La frase vuelve a cobrar actualidad ante lo que ocurre hoy en Oriente Medio. Mientras negociaban con Irán sobre la cuestión del uranio y la tecnología nuclear, Estados Unidos y Israel lanzaron una operación conjunta que mató al líder supremo iraní Ali Khamenei y a varios miembros del Consejo Islámico, del gobierno y de las fuerzas armadas. Un acto que, además de violento, fue interpretado por Teherán como una traición, ya que ocurrió en medio de negociaciones.

La evaluación inicial de Washington y Tel Aviv parece haber subestimado la capacidad de respuesta iraní. Ni la CIA ni el Mossad habrían previsto la dimensión de la reacción militar del país. En pocos días, Irán lanzó una verdadera lluvia de drones y misiles de distintos tipos, buscando burlar los sistemas de interceptación. Bases militares de los Estados Unidos en Oriente Medio pasaron a ser blanco de ataques, así como instalaciones en territorios aliados y ciudades israelíes.

Al mismo tiempo, el país reorganizó rápidamente su liderazgo. Irán no quedó acéfalo ni por un momento. La sucesión fue asumida por el ayatolá Mojtaba Khamenei, quien en su primera declaración reafirmó la continuidad de la estrategia de defensa y anunció una medida de gran impacto geopolítico: el cierre del Estrecho de Ormuz.

La decisión tiene consecuencias globales. Cerca del 20% del petróleo y del gas consumidos en el mundo pasan por ese corredor marítimo. El bloqueo llevó el precio del petróleo a dispararse, llegando a cerca de 200 dólares el barril antes de retroceder a algo próximo a los 100 dólares. Para intentar contener la crisis, Estados Unidos y sus aliados liberaron cerca de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas. La medida, sin embargo, es limitada en cantidad y duración y no resuelve el problema estructural.

Ni siquiera la poderosa marina de los Estados Unidos logró garantizar una seguridad total para la navegación en la región. A pesar de la presencia de portaaviones y de una de las mayores fuerzas navales del planeta, Washington respondió con cautela a las solicitudes de escolta de buques, reconociendo las dificultades para asegurar el paso por el estrecho en medio del conflicto.

Con la ventaja estratégica momentánea, Teherán comenzó a imponer condiciones para un alto el fuego. Entre ellas están el reconocimiento de su derecho a mantener y desarrollar tecnología nuclear, el fin de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados y garantías de que no habrá nuevas agresiones militares.

La crisis revela, una vez más, cómo el unilateralismo de las grandes potencias desprecia el derecho internacional e ignora instituciones multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas. La alianza entre Washington y el proyecto sionista de Israel profundiza la inestabilidad regional y proyecta efectos sobre toda la economía mundial.

El mundo asiste, perplejo, a un escenario que revela los límites de la hegemonía estadounidense. La superpotencia militar que durante décadas impuso su voluntad por la fuerza enfrenta ahora una resistencia creciente y errores estratégicos cada vez más evidentes. En medio de crisis energéticas, guerras prolongadas y pérdida de legitimidad internacional, los acontecimientos en Oriente Medio parecen anunciar algo mayor: el lento declive de un imperio que, en sus estertores, se vuelve aún más peligroso para la estabilidad global.

Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global