El Día Internacional de las Mujeres revela avances importantes, pero también expone las profundas contradicciones de un país que aún convive con desigualdad y feminicidio.
Paulo Cannabrava Filho
El Día Internacional de las Mujeres volvió a movilizar multitudes en las principales ciudades del país. Una vez más, mujeres ocuparon las calles para afirmar sus derechos y recordar que la lucha por la igualdad está lejos de terminar. El 8 de marzo no es apenas una fecha simbólica. Es un momento de reflexión sobre conquistas históricas y, al mismo tiempo, sobre todo lo que aún queda por conquistar.
En las últimas décadas hubo avances importantes. La presencia femenina creció en las universidades, en el mercado laboral y también en la vida política. Leyes como la Ley Maria da Penha y la tipificación del feminicidio representan conquistas relevantes de la movilización de las mujeres y ayudaron a colocar el combate a la violencia de género en el centro de las políticas públicas.
Pero esas conquistas conviven con una realidad brutal. Brasil sigue entre los países con mayor número de feminicidios. Según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública, más de 1.400 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 2023, lo que significa que una mujer es asesinada por motivo de género, en promedio, cada seis horas en el país. La mayoría de estos crímenes ocurre dentro del hogar y es cometida por compañeros o excompañeros, lo que revela la persistencia de una cultura de violencia profundamente arraigada.
Esta contradicción demuestra que el avance de las leyes y de las políticas públicas, aunque fundamental, no es suficiente para transformar una realidad marcada por la desigualdad social, la concentración de la riqueza y estructuras de poder históricamente excluyentes. La lucha de las mujeres, por lo tanto, no se limita a la conquista de derechos formales. Se inserta en una batalla más amplia por una sociedad verdaderamente democrática y justa.
Las manifestaciones que tomaron las calles en este 8 de marzo recuerdan que la emancipación de las mujeres está ligada a la transformación profunda de la propia sociedad. La lucha contra la violencia de género, contra la desigualdad y contra todas las formas de opresión converge con la necesidad de un proyecto nacional que coloque el desarrollo económico, la justicia social y la soberanía popular en el centro de las prioridades.
Es en ese horizonte donde el Día Internacional de las Mujeres adquiere su sentido más profundo. La lucha por la igualdad de género forma parte de la necesaria lucha de liberación nacional — una lucha capaz de liberar no solo a las mujeres, sino a toda la sociedad de las amarras de la desigualdad y de la dependencia, abriendo camino hacia un desarrollo integral, soberano y socialmente justo.
Paulo Cannabrava Filho





