EL VIEJO ORDEN SE DERRUMBA

El mundo ya cambió

Trump gobierna por la fuerza y atropella el derecho internacional, mientras el Sur Global emerge como eje de un nuevo orden plural y soberano

Paulo Cannabrava Filho

El mundo ya no es el mismo. El orden geopolítico construido después de la Segunda Guerra Mundial dejó de existir, aunque muchos insistan en pensar y actuar como si ese arreglo siguiera intacto. Las instituciones, los acuerdos multilaterales y los mecanismos de equilibrio que regulaban aquel sistema fueron siendo corroídos a lo largo de las últimas décadas y hoy sufren un ataque frontal.

Donald Trump actúa como un dirigente de perfil abiertamente dictatorial. Destruye acuerdos internacionales, abandona organismos especializados y rompe compromisos que sostenían la convivencia multipolar. Ya ha denunciado o abandonado más de 60 tratados y convenciones, pasando por encima del derecho internacional y de la propia Constitución de los Estados Unidos. Al activar la fuerza bélica sin autorización del Congreso, viola principios constitucionales elementales. Al reprimir a la población civil con fuerzas militares dentro de su propio país, profundiza una escalada autoritaria sin precedentes.

Mientras tanto, Europa expone su decadencia política y estratégica. Actúa como una colonia de segunda clase de los Estados Unidos, incapaz de formular una política exterior autónoma. El acoso de Trump a Groenlandia —considerado por Dinamarca como una amenaza real de guerra— dejó al descubierto esa fragilidad. Europa despertó perpleja, sin saber qué rumbo tomar frente a la ofensiva agresiva de Washington. Los países de la OTAN, en particular, necesitan reevaluar con urgencia el grado de dependencia al que se han sometido.

En contraste, aquello que antes se llamaba Tercer Mundo o países no alineados emerge hoy como la principal fuerza de reorganización del sistema internacional. Los países del Sur Global pasan a ocupar el centro de la construcción de un nuevo orden. Iniciativas como los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái y la Nueva Ruta de la Seda dan contenido y dirección a este proceso.

Este nuevo orden no nace de la imposición militar ni del chantaje económico. Se funda en el respeto a la soberanía, a la independencia nacional y a la pluralidad de caminos. Se trata de un mundo verdaderamente multipolar y pluralista, en el que los pueblos reivindican el derecho a decidir sus propios destinos. Es en este terreno donde se perfila el futuro, mientras quienes insisten en gobernar con las herramientas del pasado revelan apenas miedo, violencia y decadencia.

Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global