Bravuconadas imperiales, represión interna, silencio selectivo de los medios y el impasse de una teocracia envejecida
Paulo Cannabrava Filho
Empezamos por el exterior. Donald Trump ha vuelto a su repertorio de amenazas, anunciando que pretende imponer aranceles del 25% a cualquier país que mantenga relaciones comerciales con Irán. Se trata de otra bravuconada imperial, típica de la lógica de sanciones extraterritoriales, con las que Washington intenta dictar normas a terceros, violando abiertamente la soberanía de los pueblos.
Estas amenazas afectan directamente a países como China y Rusia, que mantienen acuerdos bilaterales y de cooperación estratégica con Irán. En respuesta, la cancillería china recordó que el intercambio amistoso entre China e Irán se remonta al siglo II a.C., mostrando que estas civilizaciones milenarias han mantenido relaciones durante siglos, mucho antes de que existiera un país como Estados Unidos, que ni siquiera tiene 500 años de historia.
Mientras tanto, en el plano interno, Irán vive una ola de manifestaciones en Teherán y en varias otras ciudades. La represión ha sido violenta, con miles de muertos, lo que califica la situación casi como una guerra civil. Al mismo tiempo, los medios internacionales silencian o minimizan las manifestaciones de apoyo al gobierno, creando una narrativa unilateral de los acontecimientos.
Según el gobierno iraní, las protestas contra el régimen están estimuladas desde el exterior, sobre todo por Israel y Estados Unidos. Trump sigue alentando la desestabilización con declaraciones vagas sobre una supuesta “ayuda” que estaría en camino, sin aclarar si es política, económica o militar.
Todo este escenario expone una contradicción central. Irán es una teocracia que también funciona como una gerontocracia: el poder real está concentrado en ayatolás octogenarios o incluso nonagenarios, alejados de las demandas de una sociedad joven que presiona por cambios.
Quizás ahí radique el punto decisivo. Más allá de las amenazas externas y de las injerencias imperiales, ha llegado la hora de que Irán enfrente la necesidad de una renovación política interna. Sin ello, el país seguirá atrapado en un estancamiento histórico, presionado entre la rigidez de un sistema envejecido y las presiones del imperialismo.
*Paulo Cannabrava, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global





