Por Gustavo Espinoza M.
Recientemente el mundo recordó los dramáticos hechos ocurridos en Valle Grande, Bolivia en octubre de 1967. En esta circunstancia, la figura del “Che” y sus compañeros, creció en la conciencia de los pueblos, pero particularmente ganó adhesiones en las nuevas generaciones. Los sucesos de aquel año en los contrafuertes andinos de ese país cordillerano, se han mantenido vivos en lo memoria y en el corazón de millones.
Lo que en un inicio fue una sorpresa -su presencia en ese rincón del continente-, se convirtió en desazón al conocerse el desenlace de su lucha. Pero hoy, asoma en las más diversas latitudes, como una leyenda, como un ritual mágico, cono un episodio imaginario registrado en un mundo de creaciones fantásticas.
Y es que ahora se conoces, además, detalles registrados por la historia. El Comandante de América, como ya se le llamaba, fue capturado el 8 de octubre en la quebrada de Yuro, mantenido en una perdida escuela de Valle Grande, interrogado por sus esbirros, conminado vanamente a rendirse ideológica y políticamente, y luego asesinado a sangre fría y en una extrema expresión de cobardía.
Lo que ocurre es que, ya en nuestro tiempo, pero desde el día mismo en que entregó su vida, el genio popular elevó a este hombre a un nivel más alto. Lo convirtió en mito, ese al que aludiera José Carlos Mariátegui, cuando hablaba de aquello que alienta la vida de los hombres: una fortaleza inexpugnable, una llama inextinguible, un desafío para todos, un reto que va más allá de nuestro tiempo, algo al que se debiera alcanzar luego de hazañas prodigiosas, de tumultuosas experiencias y de ansiedades contenidas.
Por el legado del Che, es que podemos hoy mirar con optimismo el rumbo y el destino de la historia, aunque veamos con pesimismo la realidad que nos agobia. Su nombre evoca lo que Fidel y Tomás -dos legendarios guerrilleros de la vida- denominaron “El Optimismo histórico”, es decir, la certeza absoluta que, más temprano que tarde, pero quizá aún en un futuro indefinido, habrá de convertirse el sueños de los hombres, en realidad concreta.
Es complejo el esfuerzo. Lenin lo comparaba con el fatigante y doloroso ascenso a una montaña. Las dificultades pueden detenernos, hacernos retroceder, desplazarnos por senderos distintos a los originalmente previstos, desandar lo andado, tomar atajos, buscar nuevos recodos, descansar, y emprender nuevamente el camino. Pero la idea, es la misma siempre: Llegar a la cumbre de la montaña.
En la imagen de los jóvenes de hoy, en esa cumbre anida la felicidad humana. La fe en el hombre, en su capacidad de lucha, en su voluntad enhiesta, en su inteligencia creadora, en su firmeza de hierro. Hombres así, existen y son muchos. Forman parte del mundo cotidiano de los pueblos. Por ahora, están a la espera del reto que los muestre, de la circunstancia que les permita aflorar, de la coyuntura especifica que les facilite mostrar a plenitud su inmensa capacidad de combate, y su real potencialidad de victoria.
Hombres como Ernesto Guevara -el inolvidable “Che”- pero también hombres como Lucio Galván, Juan Pablo Chang, Restituto Cabrera, -nuestros valerosos compatriotas- y todos los que cayeron en Valle Grande; y en todas partes del planeta, ayer, hoy y siempre, por la vida, y por el hombre. Ellos encarnan la felicidad humana en su expresión más alta.
Se ha dicho que para los peruanos, octubre es un mes de grandes experiencias. Un 3 de octubre nos alumbró la insurgencia militar patriótica de Juan Velasco Alvarado, Un 7 de octubre José Carlos Mariátegui fundo el Partido de los Comunistas Peruanos con el nombre de Partido Socialista, Un 8 de octubre, en el combate de Angamos, se dio la mano con la historia un hombre solidario: Miguel Grau Seminario, Un 9 de octubre, a un año de la caída del “Che” en combate, flameaba por primera vez la bandera peruana sobre los yacimientos petroleros de La Brea y Pariñas. En recuerdo imperecedero de esa fecha, se le llamó el Dia de la Dignidad Nacional.
Esa dignidad vive en América entera. La muestra Cuba cuando resiste a pie firme el bloqueo flel Imperio; la sustenta Venezuela cuando lucha contra el acoso yanqui en las aguas del caribe; pero asoma en nuestra propia tierra, en el combate de los transportistas, de los músicos, los jóvenes, las mujeres, los obreros, el pueblo todo que encarna siempre la dignidad del mundo. (fin)





