Se enciende una señal de alerta político
Datos recientes muestran un aumento del rechazo entre los jóvenes y el avance de candidaturas conservadoras en el mayor colegio electoral del país
Paulo Cannabrava Filho
Los datos más recientes de las encuestas de opinión pública en São Paulo encienden una señal de alerta que no puede ser ignorada. Un estudio de Atlas/Bloomberg, publicado a fines de marzo, revela un movimiento inquietante: el 73% de los jóvenes entre 16 y 24 años desaprueba el gobierno del presidente Lula. Se trata de un aumento significativo respecto al mes anterior, cuando ese índice era 14 puntos porcentuales menor.
El dato, por sí solo, ya sería suficiente para provocar reflexión. Pero viene acompañado de otro fenómeno igualmente relevante: el avance de figuras asociadas a la nueva derecha entre los más jóvenes. Renan Santos, vinculado al Movimiento Brasil Libre (MBL) y candidato de un partido de escasa expresión nacional, aparece con el 24,7% de intención de voto en este grupo etario —un crecimiento significativo frente al 15,9% registrado en febrero.
Más preocupante aún es el desempeño del senador Flávio Bolsonaro. Entre los votantes de la llamada generación Z, aparece con el 37% de intención de voto, frente al 28,6% de Lula. En São Paulo, según otra encuesta publicada el 1º de abril, el escenario se agrava: en la primera vuelta hay un empate técnico entre Lula y Flávio Bolsonaro (43,41% frente a 42,5%), pero en la segunda vuelta el senador aparece por delante, con el 49% frente al 44% —una ventaja que supera el margen de error.
Al observar el conjunto de los datos, el cuadro se vuelve aún más complejo. La desaprobación del gobierno en São Paulo alcanza niveles elevados en diversos segmentos. Entre los hombres llega al 61%, con un 38% de aprobación. Entre las mujeres, el 52% desaprueba y el 46% aprueba. En el recorte religioso, los números son aún más contundentes: el 80,4% de desaprobación entre evangélicos y el 53,6% entre católicos. Entre los electores de 45 a 59 años, el rechazo alcanza el 70%.
No se trata de un estado cualquiera. São Paulo concentra el mayor colegio electoral del país y ha ejercido históricamente una fuerte influencia sobre los rumbos de la política nacional. Tampoco es novedad que el electorado paulista mantiene, desde hace décadas, una inclinación más conservadora. El Partido de los Trabajadores, incluso en sus momentos de mayor fortaleza, rara vez ha superado el umbral del 30% de apoyo en el estado.
Ante este escenario, se impone una cuestión central: ¿estamos frente a un problema de comunicación del gobierno o ante una barrera más profunda, de carácter histórico y cultural?
Es posible argumentar que el gobierno de Lula, aunque presenta resultados dentro de los límites impuestos por el actual modelo económico, no ha logrado dialogar con sectores importantes de la sociedad —especialmente con los más jóvenes. Una generación que creció bajo el impacto de las redes sociales, la fragmentación de la información y el auge de narrativas simplificadoras parece buscar respuestas rápidas, directas y, muchas veces, alineadas con discursos de confrontación.
Por otro lado, no se puede ignorar el papel estructurante de los medios de comunicación y de un entorno social históricamente moldeado por valores conservadores. En un estado con alto poder de consumo y fuerte influencia mediática, la formación de la opinión pública tiende a seguir patrones que no cambian con facilidad.
Lo que está en juego no es solo una disputa electoral. Es la capacidad de un proyecto político de dialogar con una nueva generación que, al parecer, ya no se reconoce en las referencias tradicionales. Y, al tratarse de un año electoral, se vuelve indispensable observar —y más que eso, exigir— que el campo democrático presente un proyecto nacional capaz de recuperar la soberanía y la independencia del país, condición esencial para reconectar la política con la sociedad.
Paulo Cannabrava Filho. periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global





