BRASIL. BANCO MASTER Y EL VELO DEL SISTEMA FINANCIERO

Banco Master y el velo del sistema financiero

Un caso que expone la baja transparencia, la captura política y los límites del modelo impuesto por el capital financiero

Paulo Cannabrava Filho

Resulta impresionante cómo la polémica en torno al Banco Master pasó a ocupar, día tras día, páginas enteras de los diarios y largos minutos en los noticieros televisivos. El entusiasmo de la prensa hegemónica con el tema no es casual. El caso terminó funcionando como una rendija por la cual se puede observar, aunque sea parcialmente, el modo en que opera el sistema financiero brasileño: marcado por una baja transparencia, un fuerte blindaje institucional y una intensa influencia política.

La intervención del Banco Central do Brasil, que culminó con el cierre de la institución, confirmó la gravedad de las irregularidades acumuladas y desmintió cualquier intento de tratar el episodio como una simple “controversia mediática”. Cuando el órgano regulador se ve obligado a actuar de forma tan drástica, queda claro que no se está ante un problema menor, sino frente a fallas estructurales de supervisión que fueron toleradas durante demasiado tiempo.

El crecimiento acelerado de la institución, ocurrido entre 2019 y 2024, llamó la atención no solo por su volumen, sino por la forma en que se produjo. Un extenso reportaje del Estado de São Paulo mostró que la expansión del banco se dio en un ambiente de permisividad regulatoria y de relaciones poco claras con los organismos de control. No se trata simplemente de un banco que creció rápido, sino de un crecimiento que plantea dudas legítimas sobre los criterios adoptados, los riesgos asumidos y los intereses involucrados.

Durante la gestión de Roberto Campos Neto al frente del Banco Central, se llegó a establecer un plazo para que las irregularidades fueran regularizadas. Ese plazo, sin embargo, atravesó el cambio de mando y terminó recayendo sobre la actual gestión de Gabriel Galípolo, sin que el problema hubiera sido debidamente resuelto. El episodio deja al descubierto un rasgo recurrente de la regulación financiera en Brasil: la transferencia de responsabilidades en el tiempo, mientras los hechos consumados continúan produciendo efectos concretos sobre el sistema económico.

Las denuncias sobre movimientos sospechosos, operaciones de crédito privilegiadas y posibles articulaciones con sectores del poder reavivan un debate que nunca debería haberse cerrado: el de la fiscalización rigurosa sobre bancos, instituciones financieras y fintechs que operan en un mercado cada vez más concentrado y políticamente permeable. Más que un caso aislado, el Banco Master se convierte en un símbolo de un modelo que debilita la confianza pública y pone en riesgo el equilibrio macroeconómico del país.

Pero es necesario ir más allá del episodio específico. El problema es sistémico. Es el producto de un modelo impuesto por la hegemonía del capital financiero, que subordina la política económica, captura los organismos de regulación e impone una lógica de corto plazo, desvinculada de las necesidades reales del país. Mientras persista la dictadura del capital financiero, nuevos “casos” seguirán apareciendo. La salida pasa por romper con ese modelo y volver a colocar en el centro de la agenda un proyecto nacional de desarrollo, integrado, soberano y comprometido con la transición climática y la justicia social.