Por Gustavo Espinoza M.
www.nuestrabandera.pe / Domingo 25 de enero 2026
En la medida que pasan las horas se va deteriorando aún más la magra figura de Juan José Jerí Oré, el fugaz inquilino de Palacio de Gobierno que llegó a tan alta envestidura estrictamente por obra de la casualidad.
Postuló al Congreso en el 2021 pero no fue elegido. Ocurrió que la Mafia logró inhabilitar a Martín Vizcarra, quien obtuvo la más alta votación parlamentaria en esos comicios, y un puesto quedó “vacante”. Se lo adjudicaron a Jerí porque era “suplente” en la representación parlamentaria de “Somos Perú”, el membrete usado en esa circunstancia para participar en la elección de ese año. Así obtuvo una curul en la Cámara.
No tuvo una presencia destacada ni conocida. Pasó desapercibido y cumplió apenas funciones burocráticas y administrativas. No se conoció de él, en cuatro años de actividad legislativa un proyecto de ley, una intervención destacada, un discurso macizo, una investigación seria, una fiscalización en regla, nada.
Presidió, sin embargo, la Comisión de Presupuesto del Congreso lo que le permitió acumular denuncias contra él por enriquecimiento ilícito, pero lo salvó la suerte. Por lo demás, tuvo a su cargo el Informe que “exculpó” a Dina Boluarte -cuando aún era “Mandataria”- de violación de derechos humanos por los sucesos del 22 y 23. Y cuando ese rubro comenzaba a investigarse, fue elegido por sus pares como presidente del Congreso. Nada menos.
¿Cómo logró tal presea? Dicen los que frecuentan la Cámara que su estilo, fue “llevarse bien con todos”, “no pelear con nadie”. Un gesto amable y una sonrisa, fueron la clave que lo llevaría a ser considerado “un candidato de consenso” por la Mafia que digita el Parlamento. Pero la viga principal fue el “Informe Dina”, que le agradeció la Mafia. Después de todo no sólo quedaba bien librada la “presidenta” de entonces, sino también los que la apañaron y protegieron: Keiko y los suyos.
No obstante, no pudo sacudirse definitivamente de las acusaciones puntuales: simplemente le dijeron que eso “se vería después”. Y también “después”, otra distinta: por violación, que asomaba más grave, La “taparon” entonces. El ingenio público, típicamente peruano, hizo que la gente no olvidara. Por eso el caso constituye un recuerdo cotidiano en las redes sociales. Y tiene para rato.
Cuando Dina fue “vacada” casi sorpresivamente en apena un par de horas, la Mafia no quiso “tentar una salida” y prefirió optar por lo que “tenía a mano”. Entonces el presidente del Congreso cambió de domicilio y pasó a Palacio de Gobierno. El enroque le resultó aún más beneficioso a la Mafia, porque Rospigliosi -que tampoco fuera elegido congresista el 2021- se sacó la suerte: quedó al frente del Legislativo, razón por la cual hace hoy lo que le viene en gana.
Ya en el Gobierno, Jerí prometió dos cosas: Seguridad ciudadana y elecciones limpias. Como lo segundo está pendiente, cabe sólo aludir a la primera de esas promesas. No solo que no ha sido cumplida, sino que ha marchado peor. Hay más muertes y más delitos. El 2025 se batió el récord en la materia. Los transportistas y los grupos musicales pueden dar fe, como lo pueden confirmar los familiares de cada víctima que cae en el día y en la noche en Lima y en el interior. La sangre corre y la impunidad campea.
Para enfrentar la realidad, el oficialismo se ha valido de un recurso viejo: ha sacado números, usado cifras, pero ellas no borran lo vivido. Por lo demás, se ha liberado de culpa a altos oficiales acusados de tortura. ¿Quién lo ha hecho? ¿Un Tribunal Ordinario? No. Una “justicia” que se conoce a través de versiones oficiales.
El señor Jerí le contó al país que la culpa de los crímenes la tienen los que están presos. Una manera tangible de invitarlos a que se olviden de exigir la captura de los que cometen delitos y están libres. Y es que, Por eso desde el primer día, su pasatiempo fue martirizar a quienes hoy están privados de su libertad, sin reparar -quizá- que a lo mejor a él pronto le tocará el turno. Nada sirvió. Pero ahora tal vez le remuerda la conciencia, Aún dice que sus “verdaderos enemigos” son los que están adentro.
Jerí dedicó sus “tiempos libres” a visitar a sus amigos, anudar vínculos sospechosos con mafias que operan en el país, recibir en Palacio a personas “con detención domiciliaria” y a hacer visitas extrañas para concertar iniciativas escondidas, Hoy lo acusan de “colusión agravada”, “cohecho” y otros delitos similares,
Cuando comenzaron a salir las pruebas, vinieron las excusas más dispares. Fui disfrazado al chifa porque tenía hambre, estuve a las 2 de la mañana en la tienda clausurada porque deseaba comprar mis caramelos, visité a mis amigos chinos porque querían celebrar el aniversario de la amistad entre Perú y China.
Y las justificaciones fueron tan torpes que su Jefe de Gabinete no tuvo mejor idea que acusar al gobierno de la República Popular China de “tenderle una celada” a Jerí, enojado por el anuncio de la “modernización” de la Base Naval del Callao por el gobierno de los Estados Unidos. Se trata, entonces -dijo- de una “maniobra política”. Debió haber añadido: “del comunismo internacional”. Y claro, un casi adolescente. sin experiencia. “cayó en el juego”.
Lo real es que Juan José Jeri está hoy hecho trizas. Sólo cuenta con un salvavidas: Keiko y su pandilla. Podrá caer en cualquier momento. O quizá pueda mantenerse en el cargo. Pero de ahora en adelante todos los peruanos -sin excepción- sabrán que no tienen un presidente sino un simple monigote. (fin)





