COLOMBIA: ¿HACIA UN GOBIERNO PROGRESISTA?

                            Ángel Guerra Cabrera

La probable victoria del candidato progresista Gustavo Petro en las elecciones presidenciales de Colombia    despierta grandes esperanzas allí, en nuestra región y en otras esquinas del planeta.

Las encuetas lo dan ganador, aunque no con la mitad más uno de los votos válidos necesarios para declararse vencedor en primer turno.

De modo que a menos que haya una sorpresa, Petro tendría que medirse en segunda vuelta el 19 de junio con quien resultara segundo, lugar ocupado hasta hace unos días  por  el uribista Fico Gutiérrez en las encuestas, que ahora lo señalan en empate  técnico con Rodolfo Hernández.

Hernández podría arrebatar votos a Petro, escenario idóneo para forzar un segundo turno en  que el uribismo y todas las corrientes derechistas se lancen al cuello del progresista junto  a los medios hegemónicos.

Petro, ex guerrillero y ex alcalde de Bogotá es el abanderado de la muy amplia coalición Pacto Histórico(PH) junto a la destacada activista afrocolombiana, feminista y ecologista Francia Márquez, en la difícil tarea de llegar al palacio de Nariño.  

El sistema siempre erige enormes obstáculos a los candidatos alternativos en cualquier país. Cómo será de complicado en Colombia, un país férrea y sanguinariamente gobernado por la oligarquía hace dos siglos, al que que Estados Unidos(EU) considera de su propiedad

El 28 de marzo, después de las elecciones legislativas y primarias, en las que el PH obtuvo la mayor bancada aunque no la mayoría en ambas cámaras, la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur(CS) se reunió con el general Luis Navarro, comandante general de las fuerzas armadas para preguntarle por la posible desactivación de las siete bases militares de EU en territorio colombiano, en caso de ganar Petro. Navarro le contestó que tanto los legisladores como las fuerzas armadas se opondrían a tal medida, lo que le ganó al jefe militar un boletín de prensa del CS afirmando que Colombia “es un socio de seguridad incondicional de Washington”.

Petro ha denunciado que se conspira para dar un golpe de Estado o cancelar la elección antes que aceptar su triunfo. Él y Márquez, que ya fueron objeto de atentados en el pasado,  han sido amenazados de muerte y en la peculiar democracia colombiana deben presentarse en los mítines protegidos por escudos  blindados.

 Cuatro candidatos presidenciales de orientación de izquierda, o progresista, han  sido asesinados en Colombia desde 1980. Por no hablar del homicidio en 1948 de Jorge Eliécer Gaytán, candidato del Partido Liberal, pero con definida raigambre y vocación nacional popular, que dio inicio al periodo conocido como La Violencia.

En el país andino, donde han corrido ríos de sangre desde la famosa masacre de las bananeras”(1928), según la Jurisdicción Especial para la Paz, creada por los acuerdos de paz(2016),  solo entre 2002 y 2008  fueron muertas 6400 personas por la práctica represiva de “falsos positivos”, consistente en el asesinato por el ejército de ciudadanos inocentes presentados como guerrilleros.

Si tomamos los datos emitidos por el prestigioso INDEPAZ solo en 2022 han sido asesinados 78 líderes sociales y defensores de derechos humanos, así como 21 combatientes de las FARC firmantes de la paz, una tragedia en ascenso desde poco después de la elección del actual presidente Iván Duque, muñeco del neofascista ex presidente Álvaro Uribe, enemigo acérrimo de los acuerdos.

Conviene subrayar también la saña represiva de los cuerpos de seguridad colombianos durante las grandes rebeliones populares de 2019-2020 y 2021, el 70 por ciento de rechazo a Duque en los sondeos y el derrumbe del uribismo. Fenómenos, que,  como el ascenso de  Petro, están muy relacionados  con la conciencia creada por el incumplimiento de los acuerdos de paz, el clima político generado en las protestas populares y los  crecientes sufrimientos impuestos a los muchos por las políticas neoliberales.

Petro insiste en cumplir a cabalidad los acuerdos de paz. La necesidad de la reforma agraria para dotar de tierras a las familias rurales e impulsar la producción de alimentos, pero sin expropiar; promueve una reforma fiscal que grave a las 4000 más grandes fortunas del país y combata la evasión impositiva  para financiar la salud y educación.

También propone un nuevo régimen previsional unificado y sostenido principalmente por el Estado, la renegociación de los tratados de libre comercio y cargos paritarios en 50 por ciento en el gobierno entre hombres y mujeres, así como el reconocimiento de los derechos de las minorías y la diversidad sexual. Impulsa la transición gradual de energías fósiles a sostenibles.

Lo ideal sería que Petro-Márquez ganaran en primera vuelta pues para asegurar el triunfo en segunda deberán tejer alianzas con espacios ajenos al campo popular  y negociar aspectos de su programa. Pero, en una u otra, su victoria sería un importante avance para Colombia y nuestra América.

@aguerraguerra


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