UCRANIA Y LA HIPOCRESÍA DE WASHINGTON

                          Ángel Guerra Cabrera

El golpe de Estado de febrero de 2014 en Ucrania marca un punto de inflexión en la historia contemporánea del país, en la que Washington pasa a ocupar una posición preeminente.

Desde ese momento, las fuerzas de extrema derecha, inspiradas en el ultranacionalismo y la simpatía por el nazismo de Stepan Bandera, han  tenido una influencia decisiva en Kiev y, por ello, en la aplicación de una  política de orientación xenófoba y rusófoba sufrida por millones de rusos étnicos o por rusoparlantes, particularmente en el este del país; en especial, en la zona del Dombás, asiento de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, recién reconocidas por Rusia.

Contra sus habitantes, calificados de “nadas” por el presidente Volodomir Selensky, se ha seguido una práctica de sanguinaria hostilidad por parte de las bandas de extrema derecha y neonazis, como el regimiento Azov de la Guardia Nacional de Ucrania. No voy a narrar la historia de Bandera pero subrayo su crueldad en el arrasamiento de cientos de aldeas ucranianas y en la masacre de judíos, tártaros, cosacos y comunistas.

Aquel golpe, producido en el contexto del Euromaidán, tuvo uno de sus antecedentes en una auténtica revuelta popular. Pero esa protesta no bastaba para derrocar al presidente constitucional Víctor Yanukovich,  pese a su desprestigio para entonces. Se necesitaba –dice el experimentado periodista catalán Rafael Poch  de Feliú-  “una fuerza de choque, disciplinada, y dispuesta a jugarse el físico… Esa fuerza fue la extrema derecha armada con la ideología nacionalista de tradición “banderovski, apoyada por los oligarcas y los padrinos geopolíticos occidentales.

Si la trama subterránea de complicidades, financiación, asesoramientos y adiestramiento de servicios secretos occidentales (estadunidenses, polacos y alemanes) apenas ha trascendido, cuarenta políticos occidentales de primera fila, entre ellos primeras figuras de Estados Unidos(EU) y los ministros de exteriores de Alemania, Polonia, países bálticos, etc. pasaron por la plaza de Kíev repartiendo solidaridades y pastelitos.

Fue ese segundo Maidán el que ejecutó el cambio de régimen en un contexto de batallas campales con incendio y toma de sedes ministeriales en medio de una masacre indiscriminada de manifestantes y policías (en total un centenar, además de más de una decena de policías) a cargo de tiradores de precisión… lo que precipitó la caída del gobierno y la huida del presidente”. 

Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de EU, entonces y ahora, era una de esas figuras de primera línea de EU que orquestaron la instalación de los grupos de extrema derecha,  el verdadero poder en Kiev desde  2014. Insisto en el papel de Washington  como protagonista principal en el belicoso accionar que empujó a Putin a la acción militar en Ucrania.

Biden pretende aprovechar esta amenazante situación para posar como líder de “occidente”, de la libertad y la democracia.

A propósito de la rivalidad Ucrania-Rusia el inquilino de la Casa Blanca afirmó que “las naciones tienen derecho a la soberanía e integridad territorial”. ¿De veras? ¿Dónde en América Latina y el Caribe se ha visto que EU respete ese principio? Para no ir al siglo XIX, solo en  la segunda mitad del siglo XX nuestra región atestiguó violaciones flagrantes de EU a esos principios en Guatemala, Cuba, República Dominicana, Granada y Panamá, los tres últimos mediante invasiones directas.

Cuba, Venezuela y Nicaragua son ejemplos actuales de una política estadunidense que niega rotundamente su afirmación, por no hablar de Puerto Rico. El país que preside Biden, por ejemplo, es el único que reconoce formalmente la anexión por Israel de las colinas de Golán sirio o la del Sahara Occidental por Marruecos, ambos ocupados por la fuerza militar. 

 Si Biden dijera la verdad no se resistiría a reconocer el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y cancelaría la decisión de reconocer a Jerusalén como capital del Estado hebreo. Biden añadió que EU “se enfrenta a los matones”, lo cual es para reírse si no fuera tan patético. ¿Cuándo va a dejar de tener entre sus principales aliados a los actuales gobiernos de Colombia, Israel y Arabía Saudita?  Más de dos siglos de historia,  míster Biden, revelan la hipocresía contenida en sus afirmaciones. ¿Cuándo, por cierto, va a levantar los crueles bloqueos a  Cuba y Venezuela en lugar de andar sermoneando sobre la tragedia de Ucrania?

Cuba, a  propósito, muestra el camino para una salida política en Ucrania, lejos de la desequilibrada resolución aprobada ayer en la ONU: El diálogo y las negociaciones, no la guerra, son la única vía para la solución del conflicto. 

Cuba aboga por una solución diplomática seria, constructiva y realista de la actual crisis en Europa, por medios pacíficos, que garantice la seguridad y soberanía de todos, así como la paz, la estabilidad y la seguridad regional e internacional.

Twitter:@aguerraguerra