LA PARTIDA DE UN VALIOSO COMPAÑERO

Al mes del deceso de Héctor Salazar Zapatero

Por Gustavo Espinoza M.

(Especial para Prensa Latina)

Faltando pocos días para concluir el 2020, partió definitivamente de nuestro lado un valioso compañero, el académico y profesor universitario Héctor Salazar Zapatero.

Afectado por una dolorosa enfermedad, a la que resistió valerosamente durante casi tres años, cerró sus ojos del 26 de diciembre del año pasado, dejando una huella indeleble en la memoria de quienes lo conocieron.  

Incorporado a nuestro colectivo de trabajo –el Centro de Estudios “Democracia Independencia y Soberanía”- desde el año 2013, aportó abnegadamente a nuestras actividades habituales alumbrando sucesivos encuentros con propuestas, iniciativas y reflexiones altamente calificadas.

Sociólogo, economista, especialista en Ciencias Políticas y analista severo del mundo contemporáneo, ayudó mucho a percibir la naturaleza y profundidad de las contradicciones que hoy remecen la sociedad capitalista.

Exhaustivo conocedor de la teoría de Marx, aplicó rigurosamente sus concepciones básicas tanto en sus frecuentes escritos, como en la Cátedra Universitaria, en la que destacó no sólo por su solvencia académica, sino también por su ejemplo de lucha consecuente en los periodos más adversos vividos por la Universidad Peruana.

Héctor nació en diciembre de 1942 en una perdida aldea de la sierra central peruana.  Hijo de una madre campesina y de un trabajador esforzado, pero pobre; tuvo que salir adelante prácticamente desde sus primeros años de la infancia. Educado en la incontrastable ciudad de Huancayo, activó desde los catorce años en las filas de la Juventud Comunista, a las que llegó incentivado por las luchas contra la dictadura militar de entonces.

Concluida su educación secundaria, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos –la más antigua de América- inicio sus estudios de Derecho que, sin embargo, dejó de lado seducido por la Sociología, que entendió como una ciencia orientada a estudiar la esencia de la sociedad humana. Fue esa vocación, la que lo incentivó a descubrir el Marxismo, y luego a profundizar en él, convertido ya en un verdadero erudito.

En los primeros años de la década del sesenta del siglo pasado –vigorosamente impactado por la Revolución Cubana- expresó su adhesión al Mensaje de la Sierra Maestra y se convirtió en un activo militante para las tareas de la solidaridad con Cuba, y con las que fue consecuente hasta el fin.

Integrante y dirigente del Frente Estudiantil Revolucionario, estuvo entre los que recibieron a Raúl Castro en el Patio de Derecho de la Casona Universitaria con motivo de su primera visita al Perú, a poco de iniciarse la gesta cubana.

En 1966   obtuvo una posibilidad de estudios en el campo socialista. Becado en la República Democrática Alemana -la antigua RDA- llegó a Berlin dispuesto a asimila las experiencias de su heroico pueblo.  Allí, profundizó los temas de la economía y la política y retornó al Perú seis años más tarde, en 1972, convertido en un ideólogo del pensamiento revolucionario.

Vinculado siempre a la Universidad inició sus trabajos profesionales, sin abandonar en absoluto sus tareas políticas. Ellas lo llevaron a aportar a la lucha de la Izquierda y a consolidar posiciones unitarias en el movimiento popular.

En esa línea aportó también al proceso patriótico y anti imperialista en los años de Velasco Alvarado, lo que lo llevó a tomar distancia de las deformaciones falsamente izquierdistas que surgieron por la inmadurez del proceso revolucionario peruano. 

En 1975, finalmente, logró afirmar una ubicación definida en la Universidad de San Marcos, lo que consolidó sus posibilidades de desarrollo intelectual

Ya en los años 80 colaboró activamente con la formación y desarrollo de Izquierda Unida, el Frente Político de la Izquierda Peruana que, bajo la conducción de Alfonso Barrantes, llegó a convertirse en alternativa de Gobierno y de Poder.

Por su capacidad de comprensión de los procesos políticos, llegó a asumir altas funciones en el Frente, siendo acreditado como Personero del mismo, lo que le permitió influir en decisiones fundamentales, sin renunciar a sus propias propuestas e iniciativas.

A fines de esa década pudo retornar a la RDA para acceder a estudios de especialización en materia de economía y sociología. Allí encontró un escenario inesperado: la RDA caía con su modelo de construcción social y asomaba devorada por el capitalismo desarrollo forjado en la República Federal de Alemania.

Superando numerosa dificultades pudo confirmar sus estudios y alcanzar    los títulos académicos correspondientes. La experiencia, sin embargo, le permitió asimilar una visión crítica referida a la construcción del socialismo y las tareas de los pueblos. La crisis, sin embargo, no lo amilanó. Por el contrario, le sirvió de acicate para reafirmar sus convicciones socialistas y su opción marxista. De retorno al Perú se dedicó con mayor amplitud al trabajo universitario.

En la Facultad de Sociales de San Marcos debió hacer frente a dos deformaciones entonces en boga: al falso y radical “izquierdismo” simbolizado por el accionar terrorista de Sendero Luminoso; y a la deformación Social Demócrata de algunos docentes universitarios que renunciaron a convicciones de clase.

La lucha contra ambas tendencias, lo llevó a obtener el apoyo de amplios segmentos estudiantiles de la Facultad y el respaldo de algunos segmentos profesorales. Eso le permitió ganar elecciones, y ser ungido Decano de la Facultad. Esta victoria fue lograda por amplia mayoría.

No obstante, en un ambiente oscurecido por la dictadura fujimorista, y con actores maniatados por la represión, Héctor Salazar fue ilegalmente despojado de su cargo, lo que no le impidió mantener su condición de docente universitario, que logró sobre llevar hasta el fin.

En los últimos quince años se convirtió en un activo colaborador de la Casa Mariátegui y de la Asociación Amigos de Mariátegui, lo que le permitió participar como ponente en eventos académicos desarrollados por la entidad.

Igualmente colaboró de manera activa en la lucha por la liberación de los 5 cubanos prisioneros del Imperio, y su identificación con Cuba. Su participación en el   Encuentro Nacional de Solidaridad con la Patria de Martí, celebrado en el Cusco en noviembre del 2014, así lo acredita.

En esos años, su participación en el CEDIS fue también altamente calificada.

Quizá si su última expresión política, asumida en julio del 2020, fue sumarse a la campaña mundial destinada a requerir el otorgamiento del Nobel de la Paz a a Brigada Médica Cubana Henri Reeve. Al suscribir la adhesión  con su esposa, la doctora Dorothea Ortmann, confirmó  el sentido general de su vida, puesta siempre al servicio de las causas más justas. |

El deceso de Héctor Salazar Zapatero ha dejado un vacío difícil de llenar, y ha causado honda consternación en amplios sectores de la academia y de la política peruana. (fin)