WASHINGTON. ASILO A LA VENTA: LUCRO Y PROTESTA DE LA INDUSTRIA DE LA MIGRACIÓN

Asilo a la venta: Lucro y protesta en la industria de la migración

Por Siobhán McGuirk y Adrienne Pine // Traducción de Francesca Emanuele

Después de media década de colaboración con decenas de activistas, periodistas, artistas y académicos de todo el mundo, quienes cuentan con conocimiento de primera mano sobre la industria del asilo, sale a la luz nuestro libro Asylum for Sale: Profit and Protest in the Migration Industry- PM Press (Asilo a la venta: Lucro y protesta en la industria de la migración, por su título en español).

Esta antología de 25 capítulos de distintos autores, editada por nosotras y con un prólogo del antropólogo-médico Seth M. Holmes, explora cómo los caminos de los inmigrantes para encontrar refugio están cada vez más determinados por el lucro, desde los centros de detención administrados por corporaciones estadounidenses de las que los precios de sus acciones se han disparado bajo la presidencia de Trump, pasando por los peligros que generan los grupos de lobby que presionan a los Estados europeos para obtener mayores “presupuestos de seguridad”. Además, buscamos exponer los patrones que hacen del asilo un recurso cada vez más escaso para quienes verdaderamente necesitan refugio, aunque cada vez más disponible para aquellos con capital financiero y cultural.

Como dice el subtítulo del libro: “Lucro y protesta en la industria de la migración”, también abordamos de forma extensa las estrategias de resistencia en distintas partes del mundo, esperando que sirvan de aporte a la lucha para reconfigurar las injustas normas de inmigración actuales y emergentes.

De antemano nos excusamos porque Asilo a la venta, por ahora, ha sido publicado solamente en inglés. Sin embargo, impulsadas por los elogios que ha recibido de importantes activistas y autores como Naomi Klein —quien ha considerado esta antología como un “recurso invaluable”— sentimos la necesidad de traducir su introducción al español. La labor se la encomendamos a la doctoranda en Antropología, Francesca Emanuele, a quien agradecemos profundamente.

En esta traducción, con pequeñas variaciones respecto al la original para hacerla mas accesible como artículo individual, relatamos las principales ideas que se abordan a lo largo de la obra.

Introducción

A lo largo de la denominada crisis de refugiados en el Mediterráneo de 2015-2016, las simpatías de la opinión pública, la política gubernamental y la cobertura de los medios de comunicación giraron en torno a un aparente debate: ¿las personas que llegaban a las fronteras europeas eran “refugiados” o “migrantes económicos”? La misma pregunta surgió respecto a la frontera entre Estados Unidos y México, a medida que las caravanas de solicitantes de asilo llegaban de América Central en 2018-2019. Asimismo, éste ha sido un estribillo recurrente en las discusiones parlamentarias australianas sobre la detención de inmigrantes en alta mar; y durante décadas no ha dejado de aparecer en los debates de inmigración a nivel mundial[1]. Cuanto más se evoca esta dicotomía, más exitosamente se oscurecen las realidades económicas de lo que significa el asilo. Sin embargo, bajo el estatus quo capitalista y neoliberal que define la era contemporánea, la capacidad de solicitar asilo ya no puede considerarse un derecho humano universal. Es un producto en venta. Y de una forma genuinamente capitalista se ha desarrollado toda una industria a su alrededor.

Los motores del capitalismo global de hoy en día también se encuentran entre los más poderosos “factores de empuje” —tomando prestado el léxico de los demógrafos— que obligan a las personas a emigrar: las guerras por influencias geopolíticas y económicas; el cambio climático catastrófico causado por la industria de combustibles fósiles; el colapso financiero provocado por acuerdos de “libre comercio” y la recesión global; la estratificación social y las persecuciones por afiliaciones identitarias, lo que erosiona el potencial para construir una solidaridad de clase. Producto de todo esto, la migración forzada tiene lugar en un contexto de “capitalismo del desastre”, con catástrofes y crisis provocadas por los humanos utilizadas para justificar la adopción —o la imposición— de políticas económicas neoliberales que consolidan aún más la riqueza y el poder en las manos de élites, provocando así más sufrimiento[2]. Es un ciclo rentable.

La expansión es necesaria para la supervivencia del capitalismo: nuevos mercados, nuevas oportunidades. Tanto los casos continuados de violencia, como los puntuales, crean espacios para el “crecimiento”. Sin embargo, el flujo migratorio constante que produce tal violencia no constituye un evento extraordinario, a pesar de las narrativas dominantes que sugieren lo contrario. Tampoco las rutas migratorias son necesariamente unidireccionales, de carácter reciente o sólo dirigidas hacia el Norte. Muchas personas atrapadas en la ola de la última “crisis” migratoria han sido desplazadas y han estado en movimiento —algunas constantemente, otras de manera intermitente— durante años; incluso durante décadas o generaciones. A medida que estas personas son detenidas en las fronteras o en campamentos, las cámaras de noticias, los reflectores y los equipos de ayuda ONGeros se trasladan de una zona fronteriza a la siguiente, dejando atrás los brotes crecientes de una industria de asilo compleja y diversificada, la que es producida y sostenida por las realidades cotidianas del capitalismo global. Y a medida que los cruces fronterizos y las peticiones de asilo se vuelven cada vez más costosos para las personas que los requieren, son cada vez más lucrativos para aquellos que buscan beneficiarse del desplazamiento humano masivo que caracteriza al mundo actual[3]

Cuando las condiciones invivibles obligan a las personas a huir de sus hogares, solo aquellas con gran cantidad de recursos pueden obtener los pasaportes, las visas y los boletos de avión necesarios para evitar viajes largos, y a menudo peligrosos, por tierra y mar. El capital financiero y social puede garantizar abogados solícitos, apoyos sociales y avales en los países de destino. Los súper ricos no deben preocuparse por el asilo en absoluto: las visas de inversionista son mucho más fáciles de obtener, al menos para los millonarios que se enfrentan al exilio. Por lo demás, los intermediarios, falsificadores, coyotes, traficantes y contrabandistas exigen pagos exorbitantes para facilitar las huidas. Los contratistas y las compañías de “seguridad” reciben contratos de miles de millones de dólares para detenerlos. Erigen muros, cercas y torres de vigilancia o dirigen botes patrulleros y guardacostas para impedir a los posibles solicitantes de asilo entrar en los territorios y realizar sus peticiones de refugio.

Quienes logran cruzar la frontera son por lo general trasladados a centros de detención, cárceles, campamentos o complejos de viviendas en ruinas. Estos espacios son administrados por corporaciones multinacionales que cuentan con financiamiento de los mayores bancos internacionales. Las empresas proveedoras compiten por los contratos del gobierno para proporcionar servicios estipulados a los solicitantes de asilo y refugiados[4], a menudo mientras los ubican en nuevos regímenes de vulnerabilidad monitoreada. Doctores privados producen certificados de exámenes médicos y psicoanalíticos para respaldar las solicitudes con “pruebas” corporales de que los peticionarios han sufrido persecución[5]. Testigos expertos y miembros de think tanks crean testimonios e informes que moldean aún más los desenlaces de los casos (y establecen arquetipos de peticionarios “genuinos”). De manera similar, las ONG especializadas movilizan sus ingresos de millones de dólares y sus fuerzas laborales profesionalizadas (abrumadoramente de clase media y/o ciudadanos del Norte global) para abogar por categorías selectas de personas perseguidas “merecedoras” de asilo. Sus construcciones obtienen el asilo para algunos, mientras excluyen a otros que no se ajustan a los imaginarios ideales de víctima, los cuales son esculpidos por prejuicios de clase, género, raza, religión y otros. Los abogados privados de inmigración cobran honorarios exorbitantes, mientras que poderosos estudios de abogados utilizan el trabajo de asilo pro-bono para desinfectar sus reputaciones empañadas por un desempeño diario que refuerza el capitalismo del desastre. Asimismo, las empresas que se benefician de la detención de migrantes hacen robustas donaciones deducibles de impuestos a organizaciones benéficas que trabajan con refugiados, agregando así un brillo humanitario a sus carteras filantrópicas[6]. Las mismas corporaciones que construyen los aviones de guerra que causan el desplazamiento humano se benefician de las deportaciones de los solicitantes de asilo “fallidos”[7].

Mientras tanto, los gobiernos aluden a “medidas de austeridad” en sus esfuerzos por dejar de financiar o privatizar los programas sociales y de ayuda legal (estas medidas están enmarcadas en un lenguaje de “eficiencia” y “ahorro de costos” para los contribuyentes). Si bien tal retórica enfrenta a los ciudadanos contra los migrantes —algo particularmente útil después de una recesión global provocada por la codicia de la élite— la xenofobia rampante justifica, paradójicamente, un gran gasto en la aplicación de las leyes fronterizas y en la expansión de los centros de detención de inmigrantes. En el Sur global, operadores privados transnacionales trabajan con los gobiernos para mantener a flote el burocratizado “régimen de protección de refugiados” de la ACNUR, que funciona en parte para mantener a los solicitantes de asilo más pobres aparcados lejos de las fronteras del Norte[8].

La expansión del capitalismo neoliberal no sólo causa la migración forzada, sino que requiere la fuerza laboral itinerante y vulnerable que crea dicha migración. La producción de un “otro” explotable, y generalmente racializado, es la base de nuestro sistema económico actual: la figura del trabajador inmigrante “ilegal” es solo una personificación reciente de este proceso histórico de larga data[9]. La migración forzada a menudo está entrelazada con el trabajo forzado, lo que lleva a la creación de nuevas categorías de migrantes “hiperprecarios”. El “solicitante de asilo rechazado”, por ejemplo, está construido lingüística y simbólicamente para ser hiperexplotable en formas cimentadas en los racismos existentes[10]. Como argumenta Nicholas De Genova, la producción de “ilegalidad” de los migrantes—incluyendo a través de imaginarios de solicitantes de asilo “fraudulentos” y “fallidos”—es “crucial para la creación y mantenimiento de una. . . fuente de mano de obra confiable, eminentemente móvil, flexible y, en última instancia, desechable”[11].

El objetivo de este volumen es exponer y examinar el lucro como una fuerza importante que impulsa los regímenes contemporáneos de asilo. Esta perspectiva es producto no solo de las y los autores en sus labores como investigadores, académicos y periodistas, sino también de sus experiencias como personas directamente relacionadas con esta industria: en calidad de activistas, defensores, “expertos”, organizadores y personas que han solicitado asilo. Más allá de las cuestiones de obligación moral, ética y legal que han llegado a dominar la erudición y el activismo con respecto a los solicitantes de asilo, nos acercamos a las instituciones y los actores que forman una industria alrededor de los sistemas de adjudicación de asilo y de los individuos que solicitan asilo a nivel mundial; una industria que está prosperando a expensas de un grave costo humano, y una industria que debe ser combatida.

Transformaciones en las normas de asilo

Para comprender cómo el capitalismo neoliberal ha llegado a definir el asilo como un concepto y como un proceso burocrático, primero debemos revisar cómo el significado y los contornos del asilo han evolucionado con el tiempo. El asilo existió como una norma histórica durante milenios antes de su codificación en las convenciones legales internacionales modernas[12], culminando con su aparición en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados de 1967[13]; y siempre ha planteado un desafío a la soberanía del Estado-nación al establecer una posición de preocupación respecto del “otro/foráneo”. Sin embargo, la interpretación y la implementación de las convenciones legales están sujetas a realidades políticas, culturales y materiales; y la práctica del asilo ha cambiado radicalmente en los casi setenta años desde la firma de la convención de 1951. Estos cambios, a su vez, han expuesto de maneras diversas las tensiones, contradicciones y limitaciones inherentes al asilo.  

El contexto de la convención de 1951 es, por supuesto, el final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría. Una serie de tratados internacionales precedieron y enmarcaron esta convención, incluida la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y los Convenios de Ginebra y el Tratado del Atlántico Norte de 1949[14]; todos como parte del proyecto de posguerra que estaba configurando y justificando un nuevo modelo de imperio liderado por Estados Unidos. A través de Hannah Arendt y otros pensadores influyentes de la época (muchos, como ella, refugiados europeos), los orígenes modernos del asilo se entendieron ampliamente como una respuesta al Holocausto. En la práctica, sin embargo, la lógica subyacente más poderosa de la convención (así como de su implementación) estuvo intrínsecamente relacionada con la institucionalización del marco ideológico de la Guerra Fría que posicionó al capitalismo como el salvador de los refugiados políticos que buscaban huir del comunismo.

Charles B. Keely señala que dos regímenes distintos de refugiados se desarrollaron posteriormente, uno para el Norte capitalista industrializado y otro para el resto del mundo:

El régimen del Norte fue diseñado con fines políticos en beneficio de la Guerra Fría… un instrumento para avergonzar a los Estados comunistas. . . Como mínimo, el programa podría usarse para demostrar la bancarrota de un sistema del que la gente tuvo que escapar, a menudo enfrentando un gran peligro. En Europa, los sistemas de asilo establecidos asumían que, básicamente, los solicitantes serían del Este. Con una ayuda bastante generosa, acorde con las políticas habituales del estado del bienestar. . . y la prevalencia de un sistema de adjudicación que otorgó el beneficio de la duda al solicitante. En este esquema, la ACNUR prácticamente no tenía ningún papel. . .  Rápidamente se convirtió en una agencia que operaba en el tercer mundo[15].

Los dos regímenes tenían objetivos contradictorios: mientras la ACNUR buscaba desactivar las “situaciones explosivas” para que los ciudadanos desplazados localmente pudieran regresar a sus hogares de manera segura, el régimen del Norte tenía la intención explícita de desestabilizar a los Estados reubicando permanentemente a un número intencionalmente pequeño de refugiados políticos[16]. Así, a medida que el proyecto institucional en su conjunto se fortalecía, en el Norte global, el sujeto imaginario ideal se transformó, pasando de un ser un individuo con agencia europeo (blanco) y exiliado del fascismo, a un individuo (blanco) en busca de la libertad y víctima de violaciones a los derechos humanos por parte de los gobiernos comunistas o aliados soviéticos.  

Este cambio se complicó aún más por las lógicas racistas y colonialistas, las que atribuyeron mayor agencia a individuos del bloque soviético en comparación con las personas que huían de los países aliados soviéticos en el Sur global —por ejemplo, Nicaragua, Cuba, Vietnam y Camboya, y Angola—, quienes eran inmediatamente asociados con estereotipos de debilidad y pasividad o de otredad amenazante.[17] En consonancia con este contexto, los niveles de violencia ejercidos por los Estados de origen han tenido históricamente poco que ver con la probabilidad de que las cortes nacionales que adjudican el asilo en los Estados-Nación, lo concedan:  individuos entendidos como víctimas de los Estados “enemigos” han sido—y siguen siendo—mucho más propensos a recibir asilo que aquellos que sufren persecución a manos de los gobiernos aliados[18].

Es importante tener en cuenta que se necesitó el desarrollo de protocolos, declaraciones y acuerdos para expandir el concepto internacionalmente legal de refugiados más allá de los imaginarios posteriores a la Segunda Guerra Mundial. No fue hasta el protocolo de 1967 que la ONU eliminó las restricciones temporales y geográficas de su convención de 1951, la cual definía a los refugiados como personas afectadas por “eventos ocurridos en Europa” antes de ese año. Es decir, el desplazamiento forzado de más de diez millones de personas debido a la partición de India en 1947 y el éxodo de casi un millón de personas de Palestina en 1948 —entre otros innumerables ejemplos de revueltas coloniales violentas— se omitieron intencionalmente de la definición original[19]. Estados Unidos fue más allá, definiendo “refugiado” explícitamente en relación con los países comunistas en su Ley de Ayuda a los Refugiados de 1953[20]; lenguaje que permaneció vigente hasta 1980. Durante el mismo período, Estados Unidos se enfocó en deportar a los inmigrantes no blancos, y lo hizo mediante iniciativas políticas explícitamente racistas, sentando las bases de meticulosas diferenciaciones legales y lingüísticas de categorías de inmigrantes que siguen siendo poderosas hoy en día en el otorgamiento —y, más a menudo, denegación— del asilo[21].

Durante la época de la caída de la URSS, el tipo ideal de asilado cambió nuevamente para convertirse en el destinatario aparentemente dócil de la intervención humanitaria; una figura que se pensaba como perteneciente y proveniente de zonas lejanas a las fronteras europeas. En la década de 1990, los grandes desplazamientos de población asociados a las guerras civiles y a las hambrunas en todo el continente africano dominaban los imaginarios populares de la figura del refugiado. No es casualidad que los contextos de tales desplazamientos incluyeran los efectos de las luchas de emancipación anticoloniales, las guerras subsidiarias entre las dos grandes potencias durante la Guerra Fría, y las desastrosas consecuencias de las condiciones ocasionadas por el neoliberalismo y asociadas a los préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, estas realidades políticas fueron ocultadas a través de las narrativas dominantes de “conflictos étnicos” y “desastres naturales”[22]. Como resultado, la terminología que previamente se asociaba a los exiliados de “contextos políticos, históricos y culturales específicos” se despolitizó y convencionalizó a través de prácticas humanitarias burocráticas tales como que los refugiados “dejaron de ser personas específicas y se convirtieron en simples víctimas”[23]. Mientras tanto, en el Norte global, los gobiernos “cambiaron las reglas de juego como reacción a los cambios en la estructura geopolítica”[24], creando una “Fortaleza Europa” y erigiendo muros cada vez más amplios mientras demonizaban a los solicitantes de asilo que llegaban a sus territorios, tildándolos de “fraudulentos”, “ilegales” o “criminales”[25].

Liisa Malkki (como lo han hecho otros desde entonces) se ha centrado en las formas en que estas dinámicas silencian a los refugiados[26], despojándolos de autoridad para hablar con credibilidad sobre sus propias experiencias y, en cambio, otorgando esa autoridad al personal profesional de las agencias humanitarias y las ONG afiliadas[27]. Estos creadores externos de “conocimiento experto” no sólo vienen para dictar políticas públicas e influir en la adjudicación de casos individuales sobre los solicitantes de asilo y refugiados, sino que sus acciones son recompensadas con salarios, estatus y capital social; recompensas que nacen de la profesionalización que ha acompañado al crecimiento de la industria del asilo.

Junto con el cambio a largo plazo en el arquetipo imaginado del solicitante de asilo (que pasó del intelectual europeo blanco, como Hannah Arendt, a la víctima silenciada racializada que describe Malkki), se ha transferido la capacidad de agencia de los solicitantes de asilo a sus “salvadores”: especialistas en asilo, trabajadores en la industria humanitaria, académicos y otros “expertos”. En estas últimas categorías se halla la élite global de “creadores de conocimiento” sobre los solicitantes de asilo; conocimiento que puede venderse a un alto precio a otros operadores que forman parte (o que incluso van más allá) de la industria migratoria. A medida que ha aumentado la importancia de estos profesionales predominantemente blancos, occidentales, altamente educados y “bienhechores”, la concepción de que las personas que buscan asilo son sujetos políticos informados se ha erosionado (y con ello su capacidad para obtener un salario digno, mejor estatus, y capital social). Aun cuando la comprensión y las prácticas del asilo han evolucionado, éstas han servido para reforzar la supremacía blanca.

Los motivos aceptados para realizar las solicitudes de asilo siguen cambiando más allá del énfasis de finales del siglo XX en el sufrimiento y la compasión, y continúan alejándose del enfoque previo centrado en los derechos y las prerrogativas existentes bajo la ley[28]. En la época del atentado del 11 de septiembre, y especialmente después del surgimiento de ISIS, el concepto del sujeto ideal en busca de asilo se transformó nuevamente. Este cambio ocurrió junto a los acercamientos políticos y discursivos a una mayor militarización, enfoques de seguridad —basados ​​en nuevas campañas nacionalistas— y el escrutinio tecnologizado de grandes cantidades de personas consideradas terroristas potenciales[29]. Sin embargo, bajo el actual neoliberalismo —en el que una oligarquía global más pequeña y consolidada ejerce un control mucho mayor sobre las tecnologías y los procesos de desplazamiento e incorporación a los Estados-nación— el asilo se ha vuelto más fácil de obtener si se apela a la persecución por causas relacionadas con la identidad. En sus esfuerzos por apoyar a las personas que buscan asilo, las ONG y abogados partidarios de los derechos de los migrantes han trabajado arduamente para promover un nuevo modelo de personas merecedoras de asilo. Bajo este nuevo modelo, los merecedores de asilo son individuos “inocentes” y pasivos que huyen de la persecución, por ejemplo, por motivos de salud, género o sexualidad, en lugar de ser participantes activos involucrados en una lucha política colectiva[30]. En tales casos se espera que quien solicite el asilo presente pruebas personales y desgarradoras de violencia y sufrimiento —a través de fotografías, videos y/o testimonios— para despertar compasión y una posterior respuesta positiva (sea esta con respecto a la decisión del caso, en forma de donaciones o en otras expresiones de solidaridad). Bajo este marco —profundamente neoliberal en su encumbramiento de casos “excepcionales”— la industria del asilo convierte en prescindibles a los aspirantes de asilo que no se ajustan a las expectativas de las categorías normativas de identidad prescritas por el capital cultural y financiero[31].

Pero las historias de sufrimiento no garantizan el asilo, ni siquiera para los desertores sumisos de los Estados “enemigos”, ni tampoco para aquellos que demuestran debido agradecimiento y tienen capacidad para asimilarse[32]. Los espectros amenazantes del terrorista racializado, del solicitante “fraudulento”, del criminal, del potencial “parásito” del estado del bienestar y de la “carga pública” son demasiado grandes[33]. Los jueces y el público responden a los testimonios de los solicitantes de asilo con creciente sospecha[34]. En lugar de sus propios testimonios, en la actualidad hay elementos y tecnologías fuera del control del solicitante —evaluaciones médicas, documentación psicoanalítica, registros policiales, informes de noticias y testigos “expertos”— que se consideran con un gran valor de “verdad”, por lo que los solicitantes de asilo deben proporcionarlos a las autoridades estatales. Cada una de estas “verdades” es una mercancía forjada y vendida dentro de la industria del asilo, creada y cotejada por actores involucrados en la coproducción de nuevas normas de asilo.

En última instancia, bajo el modelo del capitalismo neoliberal, las actitudes cambiantes hacia el asilo siempre están vinculadas a compromisos ideológicos y prácticos tales como el recorte del gasto en asistencia social, la privatización de los servicios estatales, la facilitación del movimiento “sin fricciones” y la valoración del individuo por encima de la sociedad, de modo que la noción de “merecer” el asilo esté atada al emprendedurismo. La fe neoliberal en la autosuficiencia y la responsabilidad individual, sin mencionar la “libre circulación”, hace que el concepto mismo de asilo sea ilógico. A menos, por supuesto, que esté en venta.

Lucro y protestas

El primer propósito de este volumen es identificar y explicar cómo las prácticas actuales de asilo se alinean con el actual periodo neoliberal de manera más amplia. El segundo es examinar cómo activistas predominantemente de base, y provenientes de los espacios más progresistas de la izquierda en todo el mundo, luchan por reformar y llenar los vacíos en la provisión de servicios, incluso bajo las limitaciones mencionadas. Al reunir a académicos internacionales, periodistas, artistas, activistas y personas directamente afectadas por la industria del asilo, nuestro objetivo es aportar información a los debates estratégicos e identificar vías que lleven a colaboraciones transnacionales donde se reconozca cómo opera la migración transnacional forzada en un contexto de capitalismo neoliberal con características cada vez más fascistas[35].

Esta publicación no ocupa el terreno de lo hipotético o de lo meramente académico. Si bien nuestros análisis se basan y se construyen sobre estudios académicos existentes, están igualmente centrados en presentar y debatir visiones que sean de utilidad en sistemas y procesos radicalmente alternativos (y en reconocer y reflexionar sobre el importante trabajo que ya se está haciendo para lograrlos). Consideramos que, al destacar las protestas, al igual que el lucro, encontramos un equilibrio entre un análisis crítico y soluciones planteadas para resistir y redibujar las normas de inmigración contemporáneas y emergentes.

Hemos andado un largo camino hasta completar este volumen. Cuando comenzamos a trabajar en él, Barack Obama ocupaba la Casa Blanca, supervisando una política de inmigración que le valió el apodo de “deportador en jefe”. La “crisis de refugiados” en el Mediterráneo dominó los titulares y proporcionó desgarradores recursos visuales a numerosas campañas de recaudación de fondos de las ONG. La Gran Bretaña bajo un régimen de austeridad era miembro de una Unión Europea aparentemente robusta, trabajando multilateralmente para fortalecer las fronteras y “gestionar” a los solicitantes de asilo. Por doquier se vieron protestas y respuestas a los campos de detención en alta mar en Australia, provocando debates nacionales y fracturas políticas dentro y fuera de los partidos[36]. En aquel entonces, en 2015, la mentalidad neoliberal y la reestructuración impulsada por el mercado ya daban forma a las experiencias de solicitar asilo. Para 2020, han llegado a definirlas. 

En los años transcurridos, un número cada vez mayor de líderes autoritarios de derecha (Trump, Bolsonaro, Modi, Netanyahu, Duterte, Orbán, Erdogan) han llegado al poder o lo han consolidado sobre la base de agendas etnonacionalistas y antiinmigrantes. Estas posturas ideológicas han encajado perfectamente con una oposición compartida tanto hacia los derechos humanos como con llevar a cabo esfuerzos correspondientes para disminuir el poder y el estatus de las Naciones Unidas, erosionando aún más las normas internacionales de asilo ya de por sí inestables. A pesar de postularse como “contrarias al orden establecido” y de defender una retórica de “ciudadanos primero” y “anti-globalista”, en esencia, las fuerzas de la derecha internacional siguen siendo firmemente neoliberales. Nuevos acuerdos comerciales, nuevas guerras, nuevos aliados y alineamientos, nuevas y cada vez peores catástrofes climáticas también están transformando el acceso e incluso el concepto de asilo. Y continuarán haciéndolo de formas que no podemos anticipar a cabalidad.

Como activistas comprometidos con los derechos de los migrantes (y en varios casos, al ser migrantes), los últimos años han resultado ser un gran desafío para muchos de las y los colaboradores de este libro. Algunos autores han tenido que mudarse a diferentes países, otros se han implicado en resolver casos para un número cada vez mayor de solicitantes de asilo, o se han visto obligados a actuar, y en algunos casos arriesgándose a ser arrestados y encarcelados por muchos años. Todo esto, como respuesta a necesidades urgentes y cambios repentinos en las leyes y las políticas de inmigración. Aquellos que trabajan dentro de la industria, incluso criticándola, se han enfrentado a los recortes de fondos y pérdida de empleos. A medida que aumentaron los márgenes de beneficio económico en la industria del asilo, también aumentó la necesidad de protestar en su contra. No estamos desanimados, aunque quedan muchas batallas por pelear y ganar. Esperamos que, de cara a ese fin, este volumen proporcione tanto inspiración como información.

¿Por qué el asilo?

Situamos este volumen dentro de una creciente bibliografía sobre las industrias migratorias[37], de la misma forma que reconocemos cómo la obtención de beneficios económicos en torno a los solicitantes de asilo se enlaza con contextos más amplios de la industrialización neoliberal y la mercantilización. Las y los colaboradores de este volumen enfatizan esos vínculos que incluyen, pero no se limitan a: sistemas penales de (in)justicia y el complejo carcelario industrial[38]; organizaciones sin fines de lucro y el mantenimiento de estructuras capitalistas imperialistas[39]; paradojas de las élites en términos de movilidad geográfica, de ciudadanía y de inversión; nuevas formas burocráticas y gubernamentales en los Estados neoliberales[40]. Sin embargo, hemos optado por centrarnos en el asilo porque es una categoría que está, por lo general, separada de otras áreas de inmigración que se asocian más fácilmente con lo económico. En ninguna parte se encuentra esto con más claridad que en la clasificación dicotómica de “solicitante de asilo o migrante económico”.

La insistencia retórica de que las dos categorías no están entrelazadas respalda la ficción reconfortante de que el asilo es solo una cuestión de obligaciones morales y legales[41]. La distinción enérgica de los solicitantes de asilo “genuinos” (aprobados) y “fraudulentos” (denegados) refuerza de manera similar la noción tranquilizadora de que existe la posibilidad de determinaciones objetivas e infalibles de quién “merece” refugio; que la adjudicación de asilo es un árbitro de “verdad”. Tanto activistas como académicos han trabajado para disipar esa fantasía[42]. Nos centramos en el asilo para inspirar conversaciones y para alentar a los lectores a que vayan más allá de esas zonas de confort. Nos centramos en él porque rechazamos el imperativo categórico —dictado desde arriba y siempre sujeto a cambios con arreglo a los intereses de las élites— en el que se basan las decisiones que llevan a las adjudicaciones de asilo.

Además, reconocemos que las narrativas y clasificaciones dominantes no solo enfrentan a los ciudadanos contra los migrantes, sino que también enfrentan a las categorías de migrantes entre sí en competencia por recursos que aparentemente son limitados. En cada capítulo, las y los colaboradores de este volumen han optado por una variedad de términos y categorías, proporcionando las justificaciones y definiciones de sus elecciones. La diversidad resultante de las terminologías y los enfoques usados para clasificar a las personas que migran pone de relieve lo resbaladizo de las etiquetas. Tomados en conjunto, los siguientes capítulos revelan la amplitud de la categoría de “solicitantes de asilo” en lugar de señalar sus límites manifiestos. Como editoras, compartimos esta perspectiva y consideramos que este libro concierne a todas las personas que buscan refugio del daño; independientemente de las formas legales, sociales, políticas u otras en las que puedan haber sido clasificadas.

Este volumen se centra en el Norte global, hogar de los sitios más lucrativos de la industria mundial del asilo y donde se recibe la gran mayoría de las solicitudes de asilo[43]. Hemos optado por concentrarnos en los Estados que mantienen sus propios sistemas de adjudicación y diseñan sus propias políticas de asilo. Es decir, exceptuando un capítulo, este volumen no se enfoca en la ACNUR, un organismo institucional singular que supervisa o apoya los procesos de determinación del estatus de refugiado en aproximadamente setenta Estados-nación, la mayoría de los cuales son países “no industrializados” ubicados en el Sur global[44]. Al elegir este enfoque geográfico, no es nuestra intención insinuar que el lucro obtenido en base a las personas que buscan asilo no se produce en todas partes o que no se existe una resistencia importante y variada en el Sur global sobre las injustas prácticas del asilo.

Tampoco queremos dar como verdaderos los imaginarios populares de la migración en general, como si fluyeran predominantemente de Sur a Norte, de este a oeste. Esta impresión es evidentemente falsa: los patrones de migración mundial son complejos, fluctuantes y no lineales, y casi cuatro de cada cinco personas desplazadas en el mundo viven en países vecinos a sus países de origen[45]. Se puede escribir mucho sobre el aspecto económico de la ACNUR. Se podría hacer todo un volumen solo sobre el aprovechamiento de los refugiados palestinos, al igual que, por ejemplo, se podría hacer también todo un volumen sobre las dinámicas capitalistas de asilo entre Corea del Norte y Corea del Sur o entre Venezuela y Colombia. China no tiene una política de reasentamiento de refugiados o una legislación nacional sobre asilo; sin embargo, se ha formado una industria de facto en ese vacío[46]. De hecho, el enfoque limitado de este volumen clama por trabajos adicionales que exploren las formas en que funciona la industria del asilo en diferentes lugares. Alentamos a otros a que expandan aún más las ideas y análisis compartidos aquí.

Dra. Siobhán McGuirk es investigadora postdoctoral de Antropología en Goldsmiths, Universidad de Londres. También se desempeña como cineasta y curadora, y es editora de la revista Red Pepper. Su trabajo aborda temas de género, sexualidad, migración, estructuras de injusticia social y el activismo basado en las artes. Textos y artículos de la Dra. McGuirk han sido publicados en Teen Vogue, Rewire, Slate e i news. Es coeditora de Asylum for Sale: Profit and Protest in the Migration Industry. Twitter: @s_mcguirk


Dra. Adrienne Pine es una antropóloga médico militante y profesora asociada de Antropología en la American University en Washington D.C. Ha publicado sobre la violencia imperialista encarnada en Honduras, los peligros de las tecnologías de la información en salud (HIT) y la importancia de la solidaridad somática en una era de fascismo neoliberal. Durante los últimos 15 años, se ha desempeñado como “experta en las condiciones del país de Honduras” en más de 100 casos de asilo. La Dra. Pine es autora de Sobrevivir Honduras y coeditora de Asylum for Sale: Profit and Protest in the Migration Industry. Twitter: @adriennepine


[1] Por ejemplo, ver William Deane Stanley, “Economic Migrants or Refugees from Violence? A Time-Series Analysis of Salvadoran Migration to the United States,” Latin American Research Review 22, no. 1 (1987): 132–54; Monica den Boer, “Moving between Bogus and Bona Fide: The Policing of Inclusion and Exclusion in Europe,” en Robert Miles y Dietrich Thränhardt, eds., Migration and European Integration: The Dynamics of Inclusion and Exclusion (Vancouver, BC: Fairleigh Dickinson University Press, 1995); Danielle Every and Martha Augoustinos, “‘Taking Advantage’ or Fleeing Persecution? Opposing Accounts of Asylum Seeking,” Journal of Sociolinguistics 12, no. 5 (octubre de 2008): 648–67; Susan E. Zimmermann, “Reconsidering the Problem of ‘Bogus’ Refugees with ‘Socio-economic Motivations’ for Seeking Asylum,” Mobilities 6, no. 3 (septiembre de 2011): 335–52; Raia Apostolova, “Of Refugees and Migrants: Stigma, Politics, and Boundary Work at the Borders of Europe,” American Sociological Association Newsletter, 14 de septiembre de 2015, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://asaculturesection.org/2015/09/14/of-refugees-and-migrants-stigma-politics- and-boundary-work-at-the-borders-of-europe.

[2] Naomi Klein, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (New York: Metropolitan Books, 2007).

[3] Según las estimaciones de la ACNUR, al 2018 había setenta y un millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo; una estimación que consideramos conservadora, dadas las definiciones estrictas que emplea el organismo. Para estadísticas actualizadas, ver “Figures at a Glance,” UNHCR, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.unhcr.org/uk/figures-at-a-glance.html

[4] Siguiendo la definición del Migration Policy Institute (Instituto de Política de Migración), “Los refugiados y asilados son individuos que no pueden o no desean regresar a su país de origen o nacionalidad debido a la persecución o a un temor fundado en la persecución”. Las diferencias entre cada categoría en términos de procesos de admisión, derechos, y estatus varía de un país a otro, pero a menudo se refiere a “la ubicación de la persona en el momento de la solicitud. Los refugiados suelen estar fuera de [el país] cuando son evaluados para el reasentamiento, mientras que los solicitantes de asilo envían sus solicitudes mientras están físicamente presentes en [el país] o en un puerto de entrada”. Ver “Refugees and Asylees in the United States,” MPI, 13 de junio de 2019, último acceso el 28 de mayo de 2020,

https://www.migrationpolicy.org/article/Refugees-and-asylees-united-states.

[5] Didier Fassin y Estelle D’Halluin, “The Truth from the Body: Medical Certificates as Ultimate Evidence for Asylum Seekers,” American Anthropologist 107, no. 4 (diciembre de 2005): 597–608.

[6] Por ejemplo, el banco Barclays ha auspiciado a la ONG centrada en el asilo llamada “Immigration Equality (Igualdad de inmigración)” como parte de su misión filantrópica, mientras invierte en la producción de aviones militares y en la obtención de ganancias económicas por parte de corporaciones que operan centros privados de detención de inmigrantes; ver “Our Financials”, Immigration Equality, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.immigrationequality.org/about-us/our-financials/#.Xme9bi10cWp; Marina Gerner, “Barclays’ Impact Fund: Should It Be Investing in Military Aircraft?” Money Observer, 11 de diciembre de 2017, último acceso el 21 de marzo de2020 https://www.moneyobserver.com/our-analysis/barclays-impact-fund-should-it-be-investing-military-aircraft; Elizabeth Rembert, “Barclays Is Latest to Cut Finance Ties with Private Prisons”, Bloomberg, 31 de julio de 2019, último acceso el 21 de marzo, 2020, https://www.bloomberg.com/news/articles/2019-07-31/barclays-is-latest-to-cut-finance-ties-withprivate-prison-firms.

[7] Ver “Raytheon Wins DHS ICE Investigative Case Management Modernization Contract” (nota de prensa), Raytheon Company, 14 de noviembre de 2011, último acceso el 21 de marzo de 2020, http://investor.raytheon.com/phoenix.zhtml?c=84193&p=irolnewsArticle&ID=1629873; Jefferson Morley, “Raytheon’s Profits Boom Alongside Civilian Deaths in Yemen,” Salon, 27 de junio de 2018, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.salon.com/2018/06/27/ raytheons-profits-boom-alongside-civilian-deaths-in-yemen_partner.

[8] Charles B. Keely, “The International Refugee Regime(s): The End of the Cold War Matters,” International Migration Review 35, no. 1, Special Issue: UNHCR at 50: Past, Present and Future of Refugee Assistance (Spring 2001).

[9] Nicholas De Genova, “Migration and the Mobility of Labor,” in Matt Vidal, Tony Smith, Tomás Rotta y Paul Prew, eds., The Oxford Handbook of Karl Marx, (Oxford: Oxford University Press, 2018).

[10] Ver Jorinde Bijl y Sarah Nimführ, “Contesting Profit Structures: Rejected Asylum Seekers between Modern Slavery and Autonomy,” este volúmen, 297–308.

[11] De Genova, “Migration and the Mobility of Labor.”

[12] El concepto de proporcionar santuario (refugio) de la persecución, particularmente pero no solo por motivos religiosos, existió en numerosas civilizaciones antiguas y medievales y también en tradiciones religiosas en todo el mundo. El concepto moderno de asilo territorial ha sido discutido y consagrado en documentos tales como la Constitución francesa de 1793, la Convención sobre el Derecho Penal Internacional adoptada en 1889 por el Primer Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado en Montevideo, la Convención sobre Asilo Político firmada por la  Conferencia Internacional de Estados Americanos en La Habana en 1928, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de la ONU en París en 1948. Para acceder a una historia detallada del asilo, ver S. Prakash Sinha, “History of Asylum” en Asylum and International Law (Dordrecht, NL: Springer, 1971), 5–49.

[13]  Para ambos, la Convención y el Protocolo ver “Convention and Protocol Relating to the Status of Refugees”, UNHCR, último acceso el 29 de marzo de 2020, https:// www.unhcr.org/protection/basic/3b66c2aa10/convention-protocol-relating- status-refugees.html.

[14] Universal Declaration of Human Rights (1948), United Nations, ultimo acceso el 29 de marzo de 2020, https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/ eng.pdf; Geneva Conventions of 1949 and Additional Protocols and Their Commentaries, International Committee of the Red Cross, último acceso el 29 de marzo de 2020, https://ihl-databases.icrc.org/applic/ihl/ihl.nsf/vwTreaties1949.xsp; North Atlantic Treaty (1949), North Atlantic Treaty Organization, último acceso el 29 de marzo de 2020, https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_17120.htm.

[15] Keely, “The International Refugee Regime(s),” 307.

[16] Ibid.

[17] Ahiwa Ong, Buddha Is Hiding: (Berkeley: University of California Press, 2003), 81–90; Yêên Lêê Espiritu, “Toward a Critical Refugee Study: The Vietnamese Refugee Subject in US Scholarship”, Journal of Vietnamese Studies 1, no. 1–2 (Febrero–Agosto 2006): 410–33, último acceso el 21 de marzo, 2020, https://vs.ucpress.edu/content/1/1-2/41.full.pdf+html; Susan Bibler Coutin, “Falling Outside: Excavating the History of Central American Asylum Seekers”, Law & Social Inquiry 36, no. 3 (Verano 2011): 569–96. Para acceder a un ejemplo de cómo los medios occidentales representan comúnmente a los refugiados angoleños, ver James Brooke, “Angolans Flee Both Sides in Civil War” New York Times, 10 de febrero, 1987, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.nytimes.com/1987/02/10/world/angolans-flee-both-sidesin-civil-war.html.

[18] Susan Gzesh, “Central Americans and Asylum Policy in the Reagan Era,” Migration Policy Institute, 1 de abril de 2006, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www. migrationpolicy.org/article/central-americans-and-asylum-policy-reagan- era; Melly Cooper, “Afghanistan as a ‘Safe Country’: The Fallacy Behind Deportations,” Choose Love, Help Refugees, 1 de febrero de 2018, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://helprefugees.org/news/afghanistan-unlawful-deportations.

[19] En 1949, la Organización de Naciones Unidas creó su Agencia para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), la que históricamente ha usado su propia definición de “refugiado”. En sus informes estadísticos, la ONU continúa contabilizando a los refugiados palestinos de forma separada a otras poblaciones de refugiados. Ver, por ejemplo, “Figures at a Glance,” UNHCR.

[20] Refugee Relief Act of 1953, Documents of American History 2, M2010, último acceso el 21 de abril de 2020, http://tucnak.fsv.cuni.cz/~calda/Documents/1950s/Refugee_53. html.

[21] Sarah Lazar, “How the Red Scare Shaped the Artificial Distinction Between Migrants and Refugees,” In These Times, 5 de febrero de 2018, último acceso el 21 de marzo de 2020, http://inthesetimes.com/article/20888/cold-war-anti-communism- political-refugee-economic-migrant-war-poverty.

[22]James C. McKinley Jr., “Rwanda’s Paralyzing Wound: Hutu-Tutsi Killings,” New York Times, 22 de diciembre de 1997, último acceso el 7 de abril de 2020, https://www.nytimes. com/1997/12/22/world/rwanda-s-paralyzing-wound-hutu-tutsi-killings.html; David Rieff, “Dangerous Pity,” Prospect Magazine, 23 de julio de 2005, último acceso el 7 de abril de 2020, https://www.prospectmagazine.co.uk/magazine/dangerouspity.

[23]Liisa H. Malkki, “Speechless Emissaries: Refugees, Humanitarianism, and Dehistoricization,” Cultural Anthropology 11, no. 3 (agosto 1996): 377–78.

[24]Keely, “The International Refugee Regime(s),” 306.

[25] Monish Bhatia, “Researching ‘Bogus’ Asylum Seekers, ‘Illegal’ Migrants and ‘Crimmigrants,” en Karen Lumsden y Aaron Winter, eds., Reflexivity in Criminological Research (London: Palgrave Macmillan, 2014), 162–77.

[26]Por ejemplo, ver Miriam Ticktin, Casualties of Care: Immigration and the Politics of Humanitarianism in France (Berkeley: University of California Press, 2011); Erica Bornstein y Peter Redfield, eds., Forces of Compassion: Humanitarianism between Ethics and Politics (Santa Fe, NM: School for Advanced Research Press, 2011).

[27] Malkki, “Speechless Emissaries,” 378.

[28] Didier Fassin, “The Precarious Truth of Asylum,” Public Culture 25, no. 1 (Winter 2013): 39–63, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://static.ias.edu/morals.ias.edu/files/Truth-PC-VO.pdf.

[29] Natascha Klocker y Kevin M. Dunn, “Who’s Driving the Asylum Debate? Newspaper and Government Representations of Asylum Seekers,” Media International Australia Incorporating Culture and Policy 109, no. 1 (enero de 2003): 71–92, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://pdfs.semanticscholar.org/9479/f1f5d4 fbdde3b33ac57373896cefd0c84c9f.pdf; Michael Welch, “Quiet Constructions in the War on Terror: Subjecting Asylum Seekers to Unnecessary Detention,” Social Justice 31, no. 1–2 (2004): 113–29; Ambalavaner Sivanandan, “Race, Terror and Civil Society,” Race & Class 47, no. 3 (Spring–Summer 2006): 1–8, último acceso el 21 de marzo de 2020, http://ieas.unideb.hu/admin/file_9717.pdf.

[30] Esto ha ocurrido especialmente con respecto a las enfermedades (Fassin, “The Precarious Truth of Asylum “), a la sexualidad (Siobhán McGuirk,“(In)credible Subjects: NGOs, Attorneys, and Permissible ‘LGBT Asylum Seeker’ Identities,” PoLAR: Political

and Legal Anthropology Review 41[S1] [septiembre de 2018]: 4–15), y a la violencia de género (Ticktin, Casualties of Care).

[31] McGuirk, “(In)credible Subjects.”

[32] Sobre narrativas del multiculturalismo “adecuado” en relación con la migración, ver Sara Ahmed, “Multiculturalism and the Promise of Happiness,” New Formations 63.

(Winter 2007–2008): 121–37, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://webadmin.mcgill.ca/igsf/files/igsf/Ahmed1_multiculturalism.pdf.

[33] Kerry Moore, “‘Asylum Shopping’ in the Neoliberal Social Imaginary,” Media, Culture & Society 35, no. 3 (abril de 2013): 348–65. “Fact Sheet: President Donald J. Trump Is Ensuring Non-Citizens Do Not Abuse Our Nation’s Public Benefit,” White House, 12 de agosto de 2019, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www. whitehouse.gov/briefings-statements/president-donald-j-trump-ensuring- non-citizens-not-abuse-nations-public-benefit.

[34] Bhatia, “Researching ‘Bogus’ Asylum Seekers”; Andrew Markus y Dharmalingam Arunachalam, “Australian Public Opinion on Asylum,” Migration and Development 7, no. 3 (mayo de 2018): 435–47; Shenilla Mohamed l, “South Africa: Failing Asylum System Is Exacerbating Xenophobia,” Amnesty International, 29 de octubre de 2019, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www. amnesty.org/en/latest/news/2019/10/south-africa-failing-asylum-system-is- exacerbating-xenophobia.

[35] Adrienne Pine, “Forging an Anthropology of Neoliberal Fascism,” Public Anthropologist 1, no. 1 (enero de 2019): 20–40.

[36] Helen Davison, “Asylum Seeker Rallies across Australia Draw Thousands in Support of Refugees,” Guardian, 11 de octubre de 2015, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.theguardian.com/world/2015/oct/11/asylum-seeker-rallies- across-australia-draw-thousands-in-support-of-refugees; Jessica Longbottom, “Hundreds Protest in Melbourne against Offshore Detention of Asylum Seekers,” ABC News, 30 de abril de 2016, último acceso el 29 de marzo de 2020, https://www.abc. net.au/news/2016-04-30/hundreds-protest-in-melbourne-against-offshore- detention/7373094; Katharine Murphy, “Labor’s Left Wing Growing Uneasy about Nauru Children and Pacific Trade Deal,” Guardian, 6 de octubre de 2018, último acceso el 29 de marzo de 2020, https://www.theguardian.com/australia-news/2018/ oct/07/labors-left-wing-growing-uneasy-about-nauru-children-and-pacific- trade-deal; “Australia Government Loses Bill Blocking Sick Asylum Seekers,” BBC News, 12 de febrero de 2019, último acceso el 29 de marzo de 2020, https://www.bbc.co.uk/ news/world-australia-47193899.

[37] Por ejemplo, ver Thomas Gammeltoft-Hansen y Ninna Nyberg Sørensen, eds., The Migration Industry and the Commercialization of International Migration (London: Routledge, 2013); Sophie Cranston, Joris Schapendonk, y Ernst Spaan, eds., “New Directions in Exploring the Migration Industries: Introduction to Special Issue,” Journal of Ethnic and Migration Studies 44, no. 4 (marzo de 2018): 543–57, último acceso el 26 de marzo de 2020, https://www.tandfonline.com/ doi/full/10.1080/1369183X.2017.1315504.

[38] Angela Y. Davis, “The Prison Industrial Complex” (discurso), Colorado College, Colorado, 5 de mayo de 1997; Julia Chinyere Oparah, Global Lockdown: Race, Gender, and the Prison-Industrial Complex (New York: Routledge, 2005); Patrisia Macías- Rojas, From Deportation to Prison: The Politics of Immigration Enforcement in Post-Civil Rights America (New York: New York University Press, 2016).

[39] Laura María Agustín, Sex at the Margins: Migration, Labour Markets and the Rescue Industry (London: Zed Books, 2007); INCITE! Women of Color against Violence, eds., The Revolution Will Not Be Funded: Beyond the Nonprofit Industrial Complex (Cambridge, MA: South End Press, 2007).

[40] James Ferguson y Akhil Gupta, “Spatializing States: Toward an Ethnography of Neoliberal Governmentality,” American Ethnologist 29, no. 4 (noviembre de 2002): 981–1002; Jon Stratton, “Uncertain Lives: Migration, the Border and Neoliberalism in Australia,” Social Identities 15, no. 5 (septiembre de 2009): 677–92.

[41] Apostolova, “Of Refugees and Migrants”; Zimmermann, “Reconsidering the Problem of ‘Bogus’ Refugees with ‘Socio-economic Motivations’ for Seeking Asylum.”

[42] Susan Bibler Coutin, “Smugglers or Samaritans in Tucson, Arizona: Producing and Contesting Legal Truth,” American Ethnologist 22, no. 3 (agosto de 1995): 549–71; Fassin, “The Precarious Truth of Asylum.”

[43]Esto se debe en parte a la diferencia entre la adjudicación directa de solicitudes de asilo y el ofrecer (o rechazar) refugio por parte de un Estado-nación dentro de su propio territorio y el proceso de la “determinación de la condición de refugiado” por la ACNUR, que generalmente conduce al refugio y al reasentamiento en un tercer país, si la solicitud es exitosa; ver “Figures at a Glance”, ACNUR.

[44]La distinción entre “industrializado” y “no industrializado” es utilizada por ACNUR en su informe de asilo, que especifica: “Los 44 países industrializados son: los 28 Estados miembros de la Unión Europea, Albania, Bosnia y Herzegovina, Islandia, Liechtenstein, Montenegro, Noruega, Serbia y Kosovo, Suiza, la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Turquía, así como Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda, la República de Corea y los Estados Unidos de América”; UNHCR: Asylum Trends 2014: Levels and Trends in Industrialized Countries, (Geneva: UNHCR, 2015), 4, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.unhcr.org/uk/statistics/unhcrstats/551128679/asylum-levelstrends-industrialized-countries-2014.html. Nosotras no consideramos esta distinción acríticamente y la usamos aquí para demostrar las categorías propias de definición del ACNUR. Año a año fluctúa cuáles y cuántos países apoya ACNUR en los procesos de definición de estatus de refugiado (RSD, por sus siglas en inglés); véase, por ejemplo, UNHCR Statistical Yearbook 2014, (Geneva: UNHCR, 2015), último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.unhcr.org/56655f4cb.html.

[45]  Por ejemplo, ver “World Migration Report 2020,” IOM UN Migration, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.iom.int/wmr/2020#block-views-block-world-migration- report-2020-infosheet-block-1; “Global Trends,” UNHCR, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.unhcr.org/globaltrends2018.

[46]Jessica Meyers, “China Once Welcomed Refugees, but Its Policies Now Make Trump Look Lenient,” LA Times, 18 de octubre de 2017, último acceso el 21 de marzo de 2020, https://www.latimes.com/world/asia/la-fg-china-forgotten-refugees-2017108- story.html.