EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE, EL ESTADO TE SALVA: CORONAVIRUS

Por Pablo Esteban / Página 12

El Covid-19, por estos días, no solo domina la agenda sino que ES LA AGENDA. Todos los temas, enfoques, abordajes, análisis, interpretaciones y opiniones están atravesadas por lo que el antropólogo Marcel Mauss –sobrino y discípulo del popular Émile Durkheim, padre fundador de la sociología– redefiniría como un auténtico “hecho social total”.

Ante tanta incertidumbre, los porqués se agolpan, se multiplican en el espacio público para luego ser vomitados en cascada. Si los gobiernos del mundo sabían de la posibilidad de la pandemia, ¿por qué no promovieron acciones antes? En Argentina, ¿por qué el inverno complica las cosas? ¿Por qué tomar medidas inmediatas y taxativas? ¿Por qué el aislamiento mejora significativamente la situación y achata la curva de progresión de casos? ¿Por qué no hay tantas personas diagnosticadas? ¿Por qué mucha gente se toma la coyuntura como una extensión de anheladas vacaciones? ¿Por qué una sola familia compra tantos frasquitos de alcohol en gel si la mejor manera de cortar la propagación del virus es que el prójimo también se cuide? ¿Por qué no sabemos, a ciencia cierta, cuando terminará la crisis global? ¿Por qué muchos piden un Estado interventor cuando estaban conformes con las reglas del mercado? ¿Por qué tantos porqués y tan pocas respuestas?

La ciudadanía se construye a partir de estrategias de solidaridad y, mientras el mercado estimula las lógicas del híperindividualismo en el marco de un capitalismo agresivo, el Estado convoca a pensar en la vida del que tenemos al lado. Es cierto, nos pide algo difícil: que seamos solidarios con sujetos que ni siquiera conocemos. Sin embargo, ¿qué otra manera de ser solidario que con desconocidos? Es muy fácil actuar de la manera moralmente correcta cuando nos une el sentimiento; en cambio, el desafío es hacerlo cuando ni siquiera le conocemos la cara, cuando no trabamos vínculo alguno. En concreto: no hay otra manera de protegerse que protegiendo al otro.

Esa es la premisa número uno, el mandato principal que se escribe a fuego en los manuales de salud pública. ¿Cómo resignificar estas pautas que provienen del Estado de Bienestar y del siglo pasado cuando el consumismo ha fragmentado tanto a nuestras sociedades contemporáneas? ¿De qué manera ponderar valores solidarios cuando vemos que un fulano que proviene del exterior se niega a cumplir con la cuarentena y golpea al guardia que intenta detenerlo? ¿Se puede aprender a pensar en el otro? ¿O se trata de una actitud, más bien, intrínseca? ¿Estamos a tiempo?

Mientras nos hacemos estas preguntas, en algunos comercios, se triplican los precios de las botellitas de alcohol en gel y barbijos. Para contrarrestar la vivada, el Ministerio de Defensa anunció la producción de los insumos de reemplazo. Todo indica que, en contraposición a lo que sucedió en otros casos como España o Italia, el gobierno argentino –a partir de las medidas que comunicó en los últimos días– actúa a tiempo para cortar la circulación del virus. Ahora bien, el dilema estará en cranear cómo se aceita nuevamente una rueda de capital que, en el sistema en que vivimos, requiere de estar –siempre– en constante movimiento. A la suspensión de las clases, el cierre de la frontera y la repatriación de los propios varados en el exterior, se sumó la puesta en marcha de otros mecanismos preventivos.

Por un lado, los empleados privados y estatales mayores de 60 años, embarazadas, trabajadores con diferentes afecciones de salud y quienes deban cuidar a hijos menores fueron “dispensados” de concurrir a sus lugares de trabajo. Por el otro, comenzó a implementarse el trabajo a distancia en los casos en que fuera posible. La excepción a la regla está marcada por el personal de salud considerado, a todas luces, “esencial”. El cuadro parece completarse con la suba de la Asignación Universal por Hijo, facilidades crediticias y fiscales para pymes y más controles de precios.

El gobierno sigue las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. El Ministerio del área –¡qué bueno que hay Ministerio del área!– con Ginés González García a la cabeza marca el pulso y guía las acciones. Nos piden que nos quedemos en casa y tenemos que ser obedientes. Por eso, entre otras cosas, la TV Pública emitirá contenido educativo para que los chicos y adolescentes que, por supuesto, no están asistiendo a clases puedan recibir mensajes estimulantes por este medio. Resulta claro: la caja boba no reemplazará al aula, pero tampoco ese es el objetivo. Es cuestión de surfear esta crisis global de la mejor manera posible. ¿Cómo? En principio, con compromiso y paciencia.

Hace poco leí un tweet que decía: “¿Y si un día descubrimos que aislados vivimos mejor?” Les dejo mi respuesta con otra pregunta retórica: “¿Y si en verdad ahora, pandemia por medio, descubrimos que ya vivíamos más aislados de lo que creíamos?”.