JUSTO HOMENAJE A PEDRO HUILCA

Justo homenaje a Pedro Huilca

Publicado hace 3 horas 

en 26 diciembre, 2019

PorDiario UNO

Pedro Huilca

Pedro Huilca Tecse nació en el Cusco el 4 de diciembre de 1949 y murió asesinado por elementos del grupo COLINA el 18 de diciembre de 1992, cerca de su casa. Perteneció al grupo de trabajadores dedicados en cuerpo y alma a la defensa de sus hermanos de clase. Obrero de Construcción Civil, llegó a liderar dicho gremio y finalmente fue proclamado Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú, creada por el amauta José Carlos Mariátegui y que durante toda su existencia se ha dedicado a luchar los justos derechos de los trabajadores del Perú.

Pedro Huilca fue heredero de esa tradición de lucha y por ello rechazó inmediatamente el golpe de Estado del 5 de abril de 1992 movilizando a la clase obrera y trabajadora del país. Mientras otros escaparon a Francia –donde gozaron la “dolce vita”- y regresaron al Perú sólo cuando un juez –mangoneado por el exasesor del SIN, Vladimiro Montesinos- declaró la PRESCRIPCIÓN DE SUS DELITOS, Pedro Huilca denunció el 6 de abril de 1992 que:

“El camino de la intervención o destrucción de las células básicas de la sociedad peruana solo conduce al totalitarismo, a la dictadura, una forma de gobierno superada en nuestra Patria”.

Es decir, calificó la intervención que realizó Alberto Fujimori al Congreso de la República y al Poder Judicial, como una vuelta al pasado, a la dictadura de la década de 1970, que él –junto a tantos otros trabajadores peruanos- combatieron y lograron derrotar luego del Paro Nacional del 19 de Julio de 1977. El acto del 5 de abril de 1992 fue calificado como el inicio de una dictadura totalitaria y corrupta de la cual los peruanos solo saldríamos el 2000 luego de las grandes luchas del pueblo peruano.

Pedro Huilca

Durante las celebraciones del 1° de Mayo de 1992, Pedro Huilca pronunció que:

“Los graves acontecimientos políticos ocurridos en el país a partir del reciente 5 de abril, oscurecen peligrosamente la esperanza que teníamos los peruanos en encontrar un camino de salida a la crisis nacional y a la tragedia social que envuelve al Perú. Ciento cinco años después del holocausto de aquellos que ofrendaron sus vidas en la lucha por el establecimiento de la jornada de Ocho Horas, a nuestro país retornan acontecimientos aciagos que reeditan similar tragedia contra los trabajadores. Y es que el capitalismo salvaje de ayer, es el neo-liberalismo de hoy que el gobierno dictatorial de Fujimori está aplicando con el ánimo de consolidar, sobre la base de un programa cada vez más abiertamente anti-popular y anti-nacional…Los trabajadores no nos engañamos con los bellos discursos ni con las promesas demagógicas. Todos los dictadores, en el Perú y el mundo, llegaron al poder ofreciendo cambios y sembrando ilusiones”.

Con estas palabras, Pedro Huilca desenmascaró la verdadera intención del golpe del 5 de abril de 1992. No fue un acto para liberar al país de la corrupción del Poder Judicial o de la inoperancia del Congreso de la República, sino solo un pretexto para iniciar las (contra) reformas que llevarían a la imposición del modelo neoliberal. Los peruanos terminamos la década de los 80s con una galopante hiperinflación y un aparato estatal burocrático y corrupto. Con atentados terroristas todos los días. La última década del siglo XX se presentaba como una oportunidad para dejar ese oscuro presente por un claro futuro pero, el golpe de Estado de Alberto Fujimori permitió que las sombras de la dictadura y la corrupción se mantuvieran hasta el 2000. Pedro Huilca habló por los miles de trabajadores que rechazaron ese funesto acontecimiento de nuestra historia contemporánea.

En su exposición del 30 de mayo de 1992 ante la 79a Asamblea General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su sede de Ginebra-Suiza, Pedro Huilca hizo de conocimiento de los asistentes que:

“En 22 meses de gobierno, el régimen del Presidente Fujimori ha llevado a cabo una reforma en el sistema de relaciones de trabajo, diferenciándolo de la vigente a partir de 1980. Esa reforma se ha centrado, en lo fundamental, en el área de las relaciones individuales de trabajo, dejando pendiente el especio de las relaciones colectivas. En su aspecto medular, la reforma así impulsada, ha fortalecido considerablemente el poder patronal. En un país que no posee un Código de Trabajo, la reforma ha sustituido la perspectiva de protección estatal de los trabajadores, por una regulación fomentadora de la autonomía individual en las relaciones de trabajo argumentada bajo el concepto de la “flexibilización” de las normas vigentes. Se han introducido así numerosas disposiciones que han permitido a los empleadores modificar los reglamentos internos de trabajo, celebrar contratos de trabajo de duración restringida e incluso despedir libremente al 5% del personal que labora en la fábrica cada año”.

Esta política anti-trabajador que impulsó el gobierno de Alberto Fujimori, se impuso desde el primer momento del nuevo régimen y, se afianzó a partir del 5 de abril. La denuncia ante organismos internacionales como la OIT no sólo disgustó al gobierno, sino también a una gran parte de los empresarios que salían beneficiados con la desactivación de sindicatos, despidos de trabajadores estables y contratar nuevos trabajadores bajo las nuevas modalidades normadas desde el Ejecutivo.

Pedro Huilca

Es decir, Pedro Huilca no solo se enfrentó a la dictadura, lo hizo también al modelo neoliberal que impuso la misma dictadura. Mientras Pedro Huilca defendió a la clase trabajadora peruana, otros dirigentes de centrales sindicales menores, denunciaban la supuesta persecución política contra el líder máximo del partido político al cual pertenecen.

El 15 de diciembre de 1992, Pedro Huilca respondió al gobierno de la siguiente manera:

“Al Ing. Fujimori, la CGTP le responde que nunca en el Perú “han mandado” las “cúpulas” de la CGTP. Nunca, en primer lugar, ha habido en el Perú un gobierno en el que los trabajadores hayamos asumido la capacidad de decisión. Por el contrario, todos los gobiernos –unos más, otros menos- han aplicado la política de opresión de la clase dominante y han actuado en beneficio de los poderosos y en contra de los trabajadores. Por esa política –la de la “vieja oligarquía envilecida” como la llamara Velasco Alvarado-, es que el Perú vive una profunda y dramática crisis. De ella no somos en absoluto responsables los trabajadores, como no es culpable el pueblo, pauperizado y sometido; sino los gobernantes –incluido Fujimori- que en forma sucesiva han aplicado “programas económicos reactivadores” y “paquetes de medidas” para “salir de la crisis” hundiendo cada vez más al Perú en el pantano de la miseria, de la corrupción y de la dependencia”.

La firmeza de su palabra por la convicción de sus ideas, además de la manera clara y honesta al momento de luchar por los intereses de la clase obrera, fueron el principal motivo para que en la mañana del viernes 18 de diciembre de 1992 un grupo de criminales paramilitares lo asesinaran cerca de su casa en la avenida Las Palmeras-Los Olivos, frente a sus hijos.

Es por ello que veintisiete años después, el pueblo de Lima y la clase trabajadora peruana le rinde un sentido y justo homenaje al colocar ofrendas florales en un busto suyo en una de las bermas centrales de la Av. 28 de Julio. Un espacio donde los futuros miembros de la clase obrera podrán rendir tributo a Pedro Huilca Tecse y a José Carlos Mariátegui.

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL